martes, 4 de agosto de 2009

Forbidden Love

How far would you go for love?

(¿Qué tan lejos irías por amor?)


Apúrate, hija. El camión de mudanza no va a estar esperando toda la eternidad.— Gritó desde el piso de abajo mi madre.

Claro, múdate tú sola con tu nuevo marido.. — murmuré entre dientes.

Esto de la mudanza venía hablándose desde un par de meses, detestaba la idea, obviamente. Recuerdo cuando todo empezó…


Conocí a alguien.. — expresó mi madre con la mirada gacha, yo no contesté. —. Es muy bueno, demasiado quizá. Es sacerdote y.. — traté de ahogar mis risas, nosotras no éramos precisamente las católicas perfectas. —, basta, Catherine. — me reprimió.

Lo siento, lo siento.. — volví a introducir un bocado de la deliciosa comida que ella había preparado.

Tiene cuatro hijos..varones.. — la interrumpí.

Sabes..sinceramente no me interesa.. — desde la muerte de mi padre me había vuelto una persona fría, aparentaba ser mayor que de una simple chica de quince años.

Cathie, debo continuar con mi vida..

Lo sé, ¿no puedes hacerlo sin otro hombre reemplazando a papá? — la miré con frialdad.

Tu padre fue muy importante para mí..fue injusto que se fuera, Cath. Comprendo tu dolor, pero yo me siento muy sola.. —suspiró y yo bufé.

De acuerdo.. todo por tú felicidad.. —enfaticé.

En esos días las peleas eran constantes, odiaba la idea de otro hombre al lado de mi madre que no fuera mi padre..lo extrañaba mucho.


Nunca me dí la oportunidad de conocer a la nueva “media naranja” de mi madre, ella parecía feliz, aunque estaba convencida de que no tanto como lo estuvo con mi padre. Luego de un par de años de relación, y un mes después de mi cumpleaños numero diez y ocho, me trajo otro regalito.

Nos vamos a vivir con Kevin y sus hijos.. — así se llamaba, Kevin Jonas, sacerdote evangélico.

¡¿Qué nosotras qué?! — la miré asombrada y dolida.

Llevamos varios años con esta relación, hija. Es hora de dar el gran paso..

¡No quiero!, ¡no puedes obligarme!

Puedo y lo haré..nos mudamos la semana que viene..

Mamá, estoy bastante grandecita, prefiero vivir sola antes de vivir con él y su familia.. — me interrumpió.

¡NO LOS CONOCES!, ¡nunca les diste la oportunidad! — gritó, pero luego inhaló aire y se calmó —. Son una familia espléndida, nunca había visto semejante amor de un padre a sus hijos, y ellos.. —sonrió levemente— siempre me aceptaron..incluso a ti..sin siquiera conocerte..

Continuó llenándose la boca de palabras agradables hacia ellos, me preguntaba si estaba exagerando.

En fin, la semana que viene nos mudamos, quieras o no..punto final.


Y así fue, ahí me encontraba yo, una semana después, empacando toda mi ropa, rodeada de cuatro paredes vacías, todos mis muebles ya habían sido embalados.

Bajé las escaleras con la maleta a mis espaldas, realmente estaba pesada. Subí al auto sin ganas y me crucé de brazos.

Te encantará.. — sonrió mi madre.

Bla, bla bla.. — rodé los ojos y miré por la ventanilla despidiéndome de mi viejo hogar.

Llegar a esa casa me provocó un enorme nudo en la garganta. Si pudiera, hubiese bajado del auto gritando y corriendo para cualquier lado que no fuera ESA casa.

¡Cariño! — gritó Kevin desde la entrada. Mi madre bajó con los ojos chispeantes de felicidad y fue a su encuentro.

Hola, cielo.. — se dieron un corto beso que me provocó nauseas. — Ella es mi hija, Catherine.

Bienvenida a la familia.. — sonrió. No comprendo porqué todo mi odio hacia él se había esfumado. Tenía un par de ojos pequeños y verdosos detrás de sus lentes. Una sonrisa contagiosa y llena de amabilidad. ¿Qué clase de monstruo te hace sentir tan…“en casa”?

Gra..gracias.. — contesté aún peleando con mi fuero interno, no podía ser que una persona reflejara tanta bondad.

En un abrir y cerrar de ojos aparecieron tres muchachos, más bien dos y medio, uno no llegaba al metro treinta.

Ellos son mis hijos.. — me los presentó. — Kevin.. —éste me dedicó una sonrisa, casi muero, ¡era perfecto! — Nicholas.. — ¿Acaso mi madre se metió en una familia de supermodelos masculinos? — Frankie..

Frank el tanque, un gusto.. — estiró su pequeña mano hacia la mía. Sonreí por mis adentros y devolví el gesto.

¿Dónde está Joseph? — preguntó Kevin padre.

Arreglándose, ya lo conoces, quiere estar presentable para nuestra nueva hermanita.. — me miró Nicholas dedicándome una sonrisa. Bufé ante el término “hermanita”, no me consideraba de la familia.

Cuando Nicholas terminó de fastidiarme con su mirada y sonrisa, apareció el restante de la familia.

Este tenía algo en particular, me llamaba muchísimo más la atención que los demás. No era que los demás eran feos, todo lo contrario, eran hermosos, pero..Joseph..

Hola.. — sonrió cortando mi hilo de pensamientos y estirando su mano para saludarme.

Hola.. — lo miré atónita. Luego reaccioné y tendí mi mano con la de él, su piel era suave como el terciopelo. Sentí de pronto todas las miradas sobre nosotros y la sangre se acumuló en mis mejillas. Aparté bruscamente mi mano de la de él.

Bien, entremos.. — Kevin padre le sonrió a mi madre.


Con mi mejor cara de disgusto, entré a la casa, miraba cada rincón con recelo y odio. No estaba para nada mal, lo contrario, era preciosa, muy acogedora, una casa como todas, solo que en esta se podía oler la dulzura que emanaba la familia Jonas.

Joe, muéstrale a Cath su habitación.. — ¿Cath?, ¿desde cuando tanta confianza, señor Jonas?. El interpelado asintió con una gran sonrisa dibujada en el rostro y me guió por el pasillo, escaleras arriba.

Papá te hizo una habitación, ya que eres la única chica, aquí somos todos hombres.. — rió esperando a que yo también lo hiciera, pero estaba de muy mal humor para reír.

Se calló ante mi silencio sepulcral y continuó hasta quedar en frente de una puerta blanca, la abrió y me señaló el interior invitándome a pasar.

Espero que sea de tu agrado.. — No comprendo por qué sonríe tanto, no logrará nada.

Gracias, Joseph.. — me limité a contestar.

Dime Joe..

Joseph.. — corregí a lo que él rió.

¿Por qué tan mal humorada?

¿Por qué eres tan insistente ante una persona que no quiere saber nada contigo? — arqueé una ceja. Comenzó a reír de nuevo, lo detestaba.

No lo sé, es raro que tu constante rechazo me incentive más a continuar tratando de caerte bien.. — se rascó el mentón. — En fin, cualquier cosa me llamas..

En sueños.. — mascullé, al parecer escuchó y salió de mi habitación riendo.



La cena fue la experiencia mas incómoda de todo el día. Todas las miradas estaban fijas en mí, en mi inevitable cara de asco, sin ganas de comer y con muchísimas ganas de salir corriendo de allí.

¿No te agrada la comida? — preguntó preocupado Kevin padre. Creí que era hora de mostrar un poquito de amabilidad.

Está deliciosa, Kevin. No tengo hambre, es todo..

Puedes retirarte si gustas.. —me ofreció.

No, sería una falta de respeto y así no es como me educaron..

Me parece perfecto.. — sonrió mirando a mi madre melosamente. ¡Que asco me daban!.

Agh.. — se me escapó al ver la empalagosa escena, pero sólo Joseph se percató. Sonrió sacudiendo su cabeza.


Al terminar la odiosa cena, ayudé a levantar los platos y me fui a mi nueva habitación. Tomé el teléfono y marqué el número de mi mejor amiga, Charlotte.

¿Hola? — preguntó del otro lado del aparato.

Odio esto.. — suspiré.

Pss, hola, Cath. ¿Cómo estas?, yo muy bien gracias por preguntar.. — contestó cínica.

Lo siento, Char. Que bueno que te encuentras bien. Odio esto. —repetí.

¿No podrás nunca ver el lado positivo de las cosas?

Dime algo positivo en todo esto..

Tu madre está feliz.. — suspiré.

Tienes razón, pero yo he pasado muchas cosas por ella para evitar que se entristeciera, y lo sabes..

Si, no te pongas a contar la historia, por favor.. — rió. — cuéntame, ¿Cómo es tu nueva familia?

Asquerosamente amable, son demasiado buenos, atentos..

Y..¿eso es malo?

Sí, por que no comprendo como es posible que me traten tan bien cuando yo los aniquilo con la mirada.

Están conscientes de que odias el lugar, son muy comprensivos. Acabarás queriéndolos.. — bufé. Ella tenía siempre razón.

Creo que hay algo bueno..aparte de que mi madre es feliz..

¿Qué? — desperté su curiosidad.

Los hijos que tiene son perfectos.. — reí ante la idea de que yo estuviera con uno de ellos.

¿Cuántos son?, ¡quiero uno! — comenzamos a reír.

Son cuatro, pero uno tiene ocho años, no te lo recomiendo..

¿Ya elegiste a uno de los tres restantes?

Hay uno que me llama la atención, pero es insoportable..no para de sonreírme y ser atento, es totalmente empalagoso..

Le gustas..

Claro, seguro.. — contesté sarcásticamente. —Sería algo extraño, hipotéticamente somos hermanos..

Claro que no..no tienen la misma sangre, por lo tanto no son hermanos, es algo simbólico..

Ajá…

Continuamos hablando por un largo rato mas, hasta que pensé en el poco crédito que me quedaba y decidí colgar. Me vestí con mi pijama, una remera-de mi padre- y un short. Me acosté en mi lecho y me dejé envolver por el sueño.

La noche no se me hizo muy fácil, pensar que estaba con cinco miembros más en mi familia me colocaba incómoda, más aún con uno que me atrae físicamente. Luego pensé en Char, que me había prometido que algún día iba a pasar a saludar y conocer a todos, esperaba que fuera al día siguiente.

Con esa excusa traté de conciliar el sueño una vez más, y lo logré.


Desperté con el sol en la cara, cegándome por completo, haciéndome más difícil aún la tarea de abrir los ojos.

El día en sí fue horrendo, como el anterior. Lo peor de todo era que estábamos de vacaciones de verano…No soy muy fanática del sol, por ende no salgo mucho, salvo que tenga una pileta al lado.

Toda la familia trataba de que yo me sintiera cómoda, chupándome las medias constantemente. Si no fuera porque tengo buena educación los hubiese mandado a todos al diablo, pero no. Esta familia tenía algo que por más que cada célula de mi ser deseara maldecirlos, me obligaba a callar. Ellos despertaban algo dentro de mí que no sentía hacía mucho tiempo. Sentir ese bienestar de paz y tranquilidad. Me hacían quererlos.

No, imposible. Antes por mi cadáver.

Prefiero que me decapiten antes de sentir algún sentimiento por ellos.


A la noche no podía dormir, tenía pesadilla tras pesadilla. Quizás no era un mal sueño, ya que soñaba con mi padre. La pesadilla era lo que él repetía constantemente… “se feliz”.

¿Por qué quería que fuera feliz?, mi vida no tenía sentido y no valía la pena si él no formaba parte de ella.

Si no fuera por mi madre quizás estaría enterrada bajo tierra junto el cuerpo de mi padre. Lo sé, sarcástica.

Esa era la realidad, él se había ido, dejándome a cargo de todo.

Nuevamente desperté en la noche, con el rostro empapado en lágrimas.

Diablos..—murmuré.

Tomé el reloj de la mesita de luz y miré la hora. Genial, cuatro de la madrugada.

Decidí ir al baño para lavarme la cara, ya sentía que acababa de salir de la playa con tanta agua salada en el rostro.

No sé si era mi estado adormilado o qué, pero dejé mi rostro grabado en varias paredes en camino al baño.

¡Maldita sea! — dije entre dientes luego de otro golpe, aunque ese había sido más fuerte que los anteriores.

Con la mano masajeando mi golpeada frente, abrí la puerta del baño.

Pasó todo muy rápido, vi una mancha en un microsegundo y luego sentí una presión en los labios.

Luego manos -a menos que una extremidad con cinco dedos sea otra cosa- tomándome por la cintura.

¿Porqué le correspondía el beso?, ¿Y porqué mis brazos reptaron hasta su cuello?.

Empujé a quien fuese el que me estaba besando con mis brazos, pero aún con mis manos en su cuello.

Mis ojos casi se salen de sus órbitas al ver la perfecta sonrisa que tanto detestaba pero que me quitaba el sueño por las noches.

Era Joseph.


No recuerdo con claridad cuanto tardé en volver en sí y arrimarme a él con el propósito de sentir el elixir de sus besos otra vez.

No era algo desenfrenado, es decir, un beso lo bastante educado para dos personas que llevan menos de cuarenta y ocho horas de conocerse. Sentí como lentamente sus brazos me apartaban de él.

Creo que por esta noche es suficiente— ¿Qué? ¡No!.

¿Eh?— fue lo único que mis labios pudieron decir en ese momento.

Besó por última vez mis labios y se fue por el pasillo rascándose la nuca cubierta por mechones de su oscuro pelo.

Era imposible, ¿Cómo pude…?. Es decir..¡Apenas lo conocía!. Me quedé ahí, tonta, estupefacta, hecha una estatua de mármol parada en la puerta del baño mirando lo vacío que se veía el pasillo sin él.

Esto..es..una locura.. — balbuceé. Mis pulsaciones continuaban siendo rápidas.

Volví a mi habitación, ya sin una gota de sueño decidí tomar mi amado libro de la saga tan famosa de Stephenie Meyer y comencé a leer.

Como me gustaría vivir en ese mundo, bueno, no del todo, no me gustaría ser Bella Swan un cien porciento, no con todos esos vampiros queriendo matarla. Aunque sí deseaba que alguien me amara como Edward Cullen amaba a aquella chica de raza humana.

¿Por qué el amor nunca era así?, claro..ese tipo de amores solo existen en novelas.

Quiero un Edward.. — balbuceé y luego reí.

Era increíble lo fácil que transmitía mis pensamientos.

La alarma comenzó a sonar. Siete de la madrugada, ¿tan rápido había pasado?. Si, cuando me pongo a leer estos libros el tiempo se me pasa volando.

Por extraña vez le hice caso a la alarma y me levanté. ¿A quién se le ocurriría levantarse a las siete de la mañana siendo vacaciones de verano?, ajá, a NADIE.

Ese día era una excepción.

Me levanté con toda la paciencia del mundo, me vestí, higienicé mis dientes y bajé a planta baja.

Mi madre ya se encontraba despierta y haciendo el desayuno.

¿Cath? — preguntó. — ¿Qué haces levantada a esta hora? — arqueó una ceja, no era común que me levantara tan temprano.

No pude dormir..

¿Quieres desayunar? — me mostró un plato de hot cakes bañados en salsa de miel, muy tentadores.

Claro.. — sonreí.


Desayuné mientras en mi mente planificaba lo que iba a hacer esa mañana, por un lado estaba bueno levantarse temprano, el día se te hacía más largo. Decidí por ir a visitar a mi padre al cementerio, hacía mucho que no iba, desde que falleció sólo he ido unas pocas veces, no podía soportar ver su nombre en la losa de cemento.

Ese día me sentía con suficiente fortaleza corriendo por mis venas. Tomé el último bocado del desayuno, agarré mis llaves y me encaminé al cementerio de la cuidad.

Quedaba algo lejos, pero hacía un espectacular día para caminar. Pasé por un puesto de flores y compré un ramo de lilas. Eran sus preferidas, aunque él no era muy amante de las flores.

Al llegar a la puerta con rejas del cementerio sentí que mi corazón se enfrió y paralizó en dos segundos. Tragué saliva por mi garganta cerrada y comencé a caminar para entrar.

Esperaba algo diferente, no gente muerta caminando, obvio que no. Pero no sé, algo más terrorífico. Lo primero que sentí al entrar fue paz y silencio.

Traté de recordar dónde yacía la lápida de mi padre. La encontré. Estaba con las flores secas, de hace ..como mínimo un año y medio. Me senté en el verde pasto, lo más cerca de la lápida posible.

Lo siento.. — murmuré. — sé que no venía hace mucho tiempo, pero sabes muy bien cuanto me cuesta entrar en este tipo de lugares..

Si pudiera escucharlo sabría muy bien que diría, es más, acompañaría su acotación con una risotada.

Lo extrañaba tanto, él era el que cada vez que mi madre me retaba, me defendía, y me hacía reír diciendo que ella estaba loca. Cuanto necesitaba su protección ahora, esos brazos fuertes rodeándome y haciéndome sentir una niña de cuatro años.

Recordando todo lo que viví junto a él, pronto las lágrimas saladas comenzaron a brotar de mis ojos. Habían pasado siete años, siete años sin él, sin su cariño, sin su protección.

Una mano en mi hombro me hizo incorporarme de un salto.

¿Cath?

¿Kevin? — ¿Era Kevin hijo?, claro que sí, ¿que otro podría ser tan hermoso y perfecto como el mayor de los hermanos Jonas?

¿Estás bien?¿Por qué lloras? — sus ojos reflejaban preocupación y unas ganas incontrolables de ayudar.

Si..si.. — murmuré secándome las lágrimas. — Solo..vine a saludar a mi padre.. — señalé la lápida.

Ahh..algo parecido a mí, yo vine por mi madre.. — ¿Madre?

¿Tu madre falleció? — quedé en seco.

Si, hace un par de años.. — agachó la cabeza.

Lo siento tanto Kev…— ¿Kev?, ¡hacía dos días lo odiaba!.

Ya no importa, sé que ella está en un precioso lugar, mirándonos y cuidándonos…

Eso es admirable…yo siento que cada día que pasa estoy más cerca del borde del abismo. — tomó mis hombros, obligándome a mirarlo a los ojos.

No digas eso por favor, ahora nos tienes a nosotros, no estás sola..

¿Cómo puedes ser tan bueno, Kevin?¡He sido muy mala con todos ustedes!

Es cuestión de ponernos en tu lugar, nosotros somos cuatro, nos tenemos el uno al otro, en cambio tu no tienes hermanos ni hermanas que te apoyen cuando lo necesitas, tiendes a llevar toda la carga a tu espalda.. — al fin alguien decía con las palabras exactas todo lo que yo sentía. Quedé atónita.

Wow, no podría haberlo dicho mejor.. — sonrió ante mis facciones congeladas.

Te dejaré a solas, yo voy a dejarle estas flores a mi Mami.. — asentí. Comenzó a caminar, pero luego se volteó. — Si quieres..podemos irnos juntos a casa luego..

Claro, sería genial.. — sonreí con dificultad, sentía las mejillas duras, producto de las lágrimas secas.

Observé como se alejaba a una lápida llena de ramos de flores, de todos los colores. Me sentí algo culpable, debí haber visitado más a mi padre. Nuevamente me senté en el suelo y miré la lapida.

Era Kevin Jonas, mi nuevo hermano, seguramente estás al tanto de todo..como siempre.. — sonreí —. No digas nada respecto sobre el otro..ni de lo que pasó con él esta madrugada, es un secreto..

Besé las lilas y las coloqué junto a su nombre. Andrew Crawford. Un nombre tan hermoso como todo él.

Miré con nostalgia por última vez la lápida y me encaminé a la entrada para esperar a Kev. ¡Ja!, Kev, ya lo llamaba con cariño.

Ya estoy listo, ¿vamos?

Claro.. — contesté dedicándole una sonrisa simpática, ya me caía bien, lo había subestimado.


Caminamos a paso lento, era muy temprano aún.

Y..¿Hace cuanto..?— interrumpí la pregunta obvia de Kevin.

Siete años.. — sentí otra vez ese nudo en la garganta que me impedía respirar.

Lo siento..

Está bien, tarde o temprano voy a superarlo, aunque.. ya es bastante tarde..

Saldrás de eso, ya verás, solo piensa que él está en un mejor lugar.. — lo miré, estaba sonriente, con los ojos chispeantes.

Todavía se me hace imposible creer que seas tan bueno conmigo..

¿Por qué no serlo?, tú eres buena también, solo eres suspicaz ante las nuevas cosas..

Genial, me conoces más de lo que yo lo hago.. — bufé y él rió.

En serio, me caes bien..eres la hermanita que nunca tuve.. —¿Eh?

Wow..

Lo siento, no debí decir eso..

No, no, está bien — sonreí—. Es..extraño.. nada más, yo también quise un hermano mayor, y ahora resulta que tengo dos mayores y dos menores.. —aunque a uno no lo consideraba un hermano, jamás lo vería como uno.

Una familia numerosa..

Pero linda.. — sonreí a lo que el me imitó. Estaba feliz. — lamento tanto haberme comportado así, Kev..

No te hagas drama, Cath, lo entendemos..

Me dedicó una sonrisa y se limitó a tocarme el hombro con amabilidad y cariño.

Al cabo de media hora de charla, nos topamos con la puerta de nuestra casa, si, nuestra.

Wow, pasa rápido el tiempo contigo.. — dije mirando el reloj.

Es porque soy muy charlatán.. — se encogió de hombros y luego metió la mano en uno de sus bolsillos delanteros para sacar el juego de llaves de su casa.

Olfateé el aire, mamá estaba cocinando. Entramos y sí, así era, estaba haciendo unas deliciosas albóndigas de carne.

Albóndigas, genial.. — Kevin abrazó a mi madre por los hombros y le dedicó una perfecta sonrisa. Al parecer ellos habían cocinado su amistad antes que yo, eso era obvio. — Sarah, ¿Dónde esta mi padre?

Fue al supermercado con Nicholas, cariño.. — respondió mi madre aún con una bola de carne en las manos.

Gracias.. — Kev se retiró.

Creo que con Kevo te llevarás más que bien.. — la comisura de sus labios se curvaron, formando una sonrisa.

¿Por qué lo dices?

El es muy bueno, se hace querer muy fácil..

Es verdad.. —murmuré.


Ayudé a poner la mesa, pero algo me impedía concentrarme en esa tarea. Joseph. ¿Dónde estaba?,¿habrá podido dormir luego de nuestro beso?.

Sentí que me rodeaban la cintura y fue ahí cuando el último plato se me resbaló de las manos, haciéndose añicos contra el suelo.

¡Diablos..! — me volteé para verle la cara de satisfacción, sabía perfectamente lo que causaban sus ardientes manos.

¿Qué sucedió? — apareció mi madre por el umbral de la cocina.

Lo siento, Sarah. Creo que asusté a Cathie.. — sonrió pícaro.

Joe, debes tener cuidado con Cath, es muy asustadiza. —Oh, genial. Lo que faltaba. Mi madre exponiéndome frente al chico que me gusta. Ella volvió a la cocina.

Estúpido.. — entrecerré los ojos y me agaché para juntar los trozos del plato más grandes. El me imitó.

Lo siento, es que me era imposible resistirme..

¿A asustarme? —inquirí punzante.

No exactamente.

¿Entonces? — me levanté del suelo con pedazos de porcelana en las manos. Me imitó y se acercó a mi oído.

No lo sé, necesitaba sentirte cerca otra vez..sentir tu calor.. —rozó sus labios en la piel de mi mandíbula.

Tranquilas hormonas. Lo que faltaba, sentir un deseo incontrolable hacia mi medio hermano.

Por favor, aléjate.. — hice un paso al costado, alejándome de su torturosa boca.

Wow..ahora dices por favor. Eso es nuevo..no te queda tan mal el papel de chica buena.. — sonrió. Si no fuese que estaba tan embobada mirando sus perfectas facciones le hubiese dado una buena bofetada.

Ya está la comida, llamen a sus hermanos..— ¡No son mis hermanos!, por lo menos..no todos..Ambos asentimos a mi madre y salimos a buscar a los demás.

Kevin padre y Nicholas aparecieron justo a tiempo, acompañados con varias bolsas del supermercado.

Almorzamos luego de bendecir los alimentos. Estaban todos hablando muy fluidamente, excepto yo, que arrastraba el pedazo de carne por todo el plato, dibujando con la salsa formas inexistentes.

Alcé la vista, y ahí estaba, mirándome. Su mirada fija en mis ojos, con una sonrisa ida. Me guiñaba el ojo de vez en cuando, mientras bebía jugo y se metía un bocado de albóndiga de la forma más sexy del planeta. ¡Era sexy

hasta cuando comía!.

Rápidamente aparté mi vista de la de él, volviendo al plato que aún tenía comida. Hice mucho esfuerzo para tragarme por lo menos la mitad y retirarme de la mesa familiar, necesitaba aire, un lugar donde él no pudiera distraerme.

Corrí escaleras arriba para estar a salvo de su terrible sensualidad. Me encerré en mi cuarto y tomé mi libro para hundirme en ese mundo.

Tocaron la puerta al cabo de veinte minutos.

Adelante.. — respondí sin siquiera quitar la vista de mi lectura.

Me pidieron que te trajera el postre.. — contestó Joseph a lo que yo levanté la vista.

¿Y dónde está el postre? — alcé una ceja.

Mmm, lo estás viendo.. — se señaló así mismo y sonrió pícaro.

¡JA! — reí sarcástica. —. Se ve tentador, pero estoy muy llena..

Me dijeron que tienes que aceptarlo.. —se acercó lentamente hasta sentarse a los pies de mi cama.

Y..¿qué te hace pensar que lo aceptaré? — empecé a colocarme nerviosa, las manos me sudaban frío.

Es que..soy una persona muy eficaz.. — comenzó a gatear hasta mí, siempre con esa sonrisa picarona.

En serio, te falla el marote.. — dije dando leves golpecitos en su cabeza. El puso los ojos en blanco.

¿Por qué no aceptas que te gusto? — susurró a escasos centímetros de mi rostro, invadiéndome con su mentolado aliento.

P..po.. — oh, por favor, puedo hablar mejor que eso. — ¿Por qué te intereso?, ¡técnicamente somos hermanos!. — detuvo su acercamiento, al igual que su respiración. Luego, inhaló con fuerzas.

No somos hermanos, sabes que no lo somos..solo me das excusas para alejarme.. —posicionó ambas de sus manos a los costados de mi cuerpo y acercó aún más su rostro, pero alcancé a taparme la cara con mi libro. — ¿Qué es eso? — me quitó el libro de las manos y se alejó de mí para observar mejor lo que me había hurtado. —¿Amanecer? — arqueó una ceja.

Es de la saga de Crepúsculo..

Nunca había oído de esa saga.. — abrió el libro.

Es por que eres un ignorante.. — bufé a lo que él sonrió.

¿Con que vampiros, huh? — su labio inferior sobresalió y puso cara seria. Yo suspiré.

¿Por qué finges que te interesa?. Es un romance de una simple humana con un vampiro..

No lo sé, estoy tratando de hacer un montón de cosas con un solo propósito..

¿Y cuál es?.. —arqueé una ceja.

Wow, de verdad que eres preguntona…

No evadas el tema.. — lo fulminé con la mirada.

De acuerdo, de acuerdo—se encogió de hombros—. Mi propósito es caerte mejor..

Y..¿por qué?

Me miró y bufó.

¿Qué no es obvio?.. —espero a que yo contestara, pero no lo hice— escucha, señorita malhumorada.. —se acercó nuevamente, podía sentir que su aliento se materializaba en mi boca—, podrás llenarte de excusas, pero lo que siento no va a cambiar por más que me rechaces constantemente..es más, hace el efecto contrario.. —acarició mis labios con su pulgar— me gustas muchísimo más cuando te enfadas.

Jaque mate.. —murmuré resoplando.

Siempre lograba salirse con la suya, enredarme en sus redes, haciéndome derretir ante sus palabras. Inconscientemente cerré los ojos, esperando ese beso que él quería robarme desde que entró a la habitación.

Ejem, ejem..¿Por qué no estaba besándome?

Abrí los ojos algo aturdida. Todavía se encontraba ahí, observándome a escasos milímetros de mis labios con su cálida mano sobre mi mejilla.

Si quieres que te bese, deberás pedírmelo.. — ¡Ja!, ¿qué clase de jueguito era este?.

Ajá, si claro.. —inquirí sarcástica.

Vamos..yo sé que quieres.. —rozó mis labios con los propios. Sentí que mi corazón saldría del pecho.

No voy a caer en tu juego.. — dije en casi un suspiro, llevando mis manos por su cuello. Sus labios se curvaron en una sonrisa.

Por supuesto que no lo harás.. —rió por lo bajo y besó la comisura de mis labios. ¡Vete demonio!, ¡no me hagas caer en la tentación!.

Suspiré mientras peleaba con mi fuero interno.

Si tanto quieres besarme..no comprendo por qué esperas a que yo te lo pida.. —susurré en sus labios, era hora de que tomara una cucharada de su propia medicina.

Capturó levemente mi labio inferior, iba a continuar, pero se arrepintió. Yo reí.

Es que..quiero dejar de ser el que siempre sigue sus ambiciones.. —capturó nuevamente mi labio inferior—, pero me lo pones tan difícil..

De acuerdo, te lo haré mas fácil.. — me alejé de él empujándolo y levantándome de la cama.

Su cara se había transformado. Tenía los ojos como platos, al parecer su trampita le jugó en contra.

No. No, no, no.. — formuló luego de estar temporalmente mudo.

Traté de alejarme de él, pero Joe se incorporó de un salto y me tomó de la cintura, arrastrándome hasta la puerta del closet.

Parece que mi plan no funcionó.. —se lamentó rozando su nariz por mi mandíbula.

Al parecer..no. — Traté de controlar los instintos salvajes que comenzaban a aflorar en mi interior y mantenerme inmóvil. Y así lo hice.

Wow, chica fuerte.. —rió — ¿eres así de fría todo el tiempo?, déjate mimar un rato.. — ¡claro!, total, somos hermanos, ¿cierto?. Eso hacen los HERMANOS.

Besó mi cuello, mordí mi labio inferior para abstenerme, ¡pero que complicado me lo ponía!. Joseph rió cuando estrujé su negro cabello con mis manos.

Mordió mi epidermis con cuidado, tratando de hacerme estallar y corresponderle, pero soy demasiado orgullosa. Lo mínimo que hice fue tirar de sus cabellos para desahogarme, y esto a él parecía no disgustarle.

Al rato se alejó.

¿Q..qué haces? —balbuceé a lo que él rió.

Creo que mis mimos no te satisfacen.. —eso es lo que él cree. Continuaba sonriéndome.

No..pero..pe..pero..¡no! — Genial, yo y mi elocuencia. Joseph estaba carcajeando a mandíbula suelta.

Eres aún más linda en este estado.. — se acercó y besó mis labios de una forma indescriptible. Era una sensación placentera, dulce.

Me dejé llevar, no podía resistirme a él y sus mimos. A sus brazos..a su boca. Quien pueda hacerlo, por favor dígame cómo logra abstenerse.

Su lengua abrió paso entre mis labios para recorrer mi paladar algo temerosa. Claro, ahora el chico se las daba de tímido cuando hacía diez minutos estaba provocándome. ¿Quién lo entiende?.


No iba a negar que no lo estaba disfrutando. Joseph era magnífico besando, su mentolado aliento invadía toda mi cavidad bucal.

Sus manos recorrían suavemente mi cintura, siempre tratándome con sumo cuidado, increíblemente respetuoso y precavido para ser un chico.

Mi reacción no era la correcta, no podía, ¡no podía!, por más que me derritiera frente a él, debía ser consciente de que no podíamos estar juntos. Quería ahorrarme todo ese dolor.

¡No!— grité y lo aparté de mí lo más rápido que pude.

¿Qué pasa? — me miró aturdido— ¿hice algo mal?

No..claro que no.. — tomé mi cara con las manos.

¿Entonces? — quitó mis manos de mi cara y las entrelazó con las suyas.

Sabes muy bien que no podemos, Joe.

Podemos..

Pero no debemos.. —rebatí.

¿Siempre haces lo correcto?, ¿nunca quisiste pasar el límite?, ¿hacer lo que no se debe?

Si, pero no quiero empezar teniendo un amorío con mi..mi..hermano.. — esa última palabra lo congeló. Luego de unos minutos, habló.

No lo somos, ya deja eso atrás. — me soltó las manos y caminó hacia la puerta— sabes que eso no va a cambiar mis sentimientos por ti.

Concluyó saliendo de la habitación de un portazo.

Genial, lo había hecho enojar. Por un lado mejor, quizás así podía dejarme en paz, aunque en el fondo..no quería eso.


Pasaron dos días, y Joe no me dirigió ni una palabra, ni siquiera me miró. ¿Tanto le había afectado el rechazo?, ¡lo rechazaba todo el tiempo!. Era de no creer que al fin mis constantes rechazos le afectaran.

Al tercer día mi madre tocó la puerta.

¿Cathie? — preguntó asomando su cabeza por el umbral de mi habitación.

¿Si?

Tengo una noticia.. — entró y se sentó a los pies de mi cama.

Te escucho. — suspiré y dejé mi libro en la mesita de luz, no sin antes marcar en dónde me había quedado.

Nos iremos una semana de vacaciones..a la playa.. — sonrió.

Genial, no, espléndido. Odiaba la playa, el sol, el calor, la gente.

Sabes que no me gusta la playa.. — bufé.

Lo sé, pero esta playa es diferente..

No me interesa, ma. Odio el calor y lo sabes.. — continué quejándome.

Vamos..para que te integres un poco más a la familia..nadie te obliga a ir, hija. Pero creo que sería genial para amigarte más con los chicos..Si no te gusta el sol.. —guardó silencio, pensando. —..puedes estar bajo la sombrilla leyendo tus adorados libros.. —sonrió. Yo suspiré.

De acuerdo..como quieras.. — bufé y tomé mi libro otra vez.

Gracias.. — sonrió y me besó la frente antes de irse.

Odiaba tener que hacer las cosas que me disgustaban para hacerla feliz, pero bueno, lo hecho, hecho está. Tendría que ir a esa playa y fingir que me gustaba.


Otros dos días después nos estábamos preparando para irnos, Kevin padre manejaba en dirección al aeropuerto. Iba a ser un viaje de tres horas y media.

Perfecto.

Ya tenía preparada mi lectura y mi Ipod, así lograba distraerme y no aburrirme en todo el viaje.

Asiento A1” indicaba mi boleto. Caminé en el pasillo del avión hasta que encontré mi butaca. Gemí de frustración al ver quién estaba ocupando mi lugar.

Escucha, ese es mi lugar.. — señalé donde él estaba, en el asiento de la ventana. Mi ventana.

Disculpe, señorita. — rió por lo bajo sin mirarme y me cedió el asiento.

Cinco días sin mirarme, cinco días sin hablarme. ¿Qué esperaba?, ¿Que le suplicase de rodillas?. Lo haría si me lo pidiera.

Quería hablarle, pero no iba a caer en su juego, él quería eso, y no lo iba a lograr viniendo de mí.

Traté de concentrarme y no mirarlo, si lo hacía iba a perderme en su perfección y no quería hacerlo. Maldición, olía tan bien.

Sacudí la cabeza para aclarar mis ideas. Tomé mi libro e hice fuerzas para meterme en ese mundo y escapar de la realidad. No pude.

De acuerdo..tú ganas. — suspiré y pude sentir como su mirada se clavaba en mí. Yo continuaba con la mirada en el libro. Lo escuché reír.

Creo que ya era hora de que cedieras.. — bufé. — Vamos..no costó tanto, ¿o sí? — si él supiera.

Rió con ganas y me corrió un mechón rebelde que colgaba de mi frente.

¿Sigues enfadada?, ¿no era que YO ganaba? — enfatizó en SU ego.

Técnicamente..sí.. — murmuré.

Mírame.. — No, si lo miraba, mi enfado iba a desaparecer, y quería hacerlo sufrir. De todo modos, me obligó, tomando mi mentón y haciéndome girar el rostro hacia él.

Tenía los ojos con una chispa particular. Sus grandes y pardos ojos me miraban con un sentimiento de victoria oculto. Genial, otra vez terminé envuelta en él, sus palabras..y su perfección.

Hacía bastante que no nos mirábamos..¿verdad? — continuó clavándome la mirada como nunca.

Cinco días y medio..

Carcajeó.

Wow, ¿llevabas la cuenta?.. — suspiró— yo también..pero te lo diré más exacto.. — soltó mi mentón y miró su reloj. — Cinco días con doce horas y veintisiete minutos.

Creo que estábamos en la misma. Fue un alivio saber que él estaba en las mismas condiciones que yo. Comencé a reír, el me imitó.

Al fin te hice reír, desde que nos conocimos ni una sola sonrisa me dedicas — acarició mi mano.

Es verdad..

Las miradas no cesaron, en cinco días no nos habíamos mirado y eso que vivíamos en la misma casa. Y no se cómo pude sobrevivir, sus ojos eran el paraíso.

Los dos nos incorporamos de un salto al oír una voz, la del parlante anunciando la llegada a destino.


Nos bajamos del avión, algo contracturados. Uno no se da cuenta en la posición que estuvo tres horas hasta que despega el trasero del sillón.

Habíamos llegado bastante temprano, siendo que de casa salimos muy tarde.

El día radiaba con los rayos del sol. Que horrible, sombra urgente.

El camino a nuestra recién adquirida casa de verano fue bastante corto, aunque lo sentí eterno con la mirada de Joe clavada en mi cara y su mano tocando levemente mi pierna.

¿Por qué tuve que ceder?

Llegamos.. — exclamó Kevin padre.

Bajé del auto como un rayo. Debía escapar de Joseph.

Era todo muy lindo, delicado, todo perfectamente acomodado. Se podían oír las olas romper contra las rocas y la brisa marina te llenaba de aire puro y salado los bronquios.

Mi análisis fue interrumpido, como siempre, como todo lo que hago.

Hija, ¿te gusta el lugar? — preguntó ansiosa mi madre.

Ajá.. — me limité a contestar.

Sabes..creo que sería estupendo que tú y Nicholas se familiarizaran.. — ¡¿Qué?!

¿Eh? — enarqué una ceja.

Si, te he visto con Kevin y con Joe.. — con Joe, si, claro. —, pero con Nick no tanto, hija. Deberías hablar con él, así se conocen.. — No, gracias, paso.

Pero.. — no me dejó continuar, ya me estaba empujando hacia la habitación de Nicholas.

Vamos, toma valor. — concluyó mi madre y tocó la puerta por mí, para luego dejarme sola esperando a que él abriera.

Cath.. — exclamó sorprendido al abrir la puerta.

Hola, Nicholas.. — miré al suelo.

Dime Nick..

Si, claro..como sea.. — comencé a jugar con mi pelo de los nervios, y alcé la mirada. Malditos sean los Jonas, ¿por qué tenían que ser tan perfectos?.

Este mocoso con sus dieciséis años parecía todo un hombre, con sus brazos grandes y bien formados, su voz grave y su tentadora sonrisa.

¿Qué sucede? — rompió el hilo de mis pensamientos.

Eh..yo.. — ¿Alguien podría recordarme a qué venía?

¿Si? — insistió.

¡Cierto!, me obligaron a venir a hablar contigo..para conocernos..

Ah..a mí también me dijeron eso.. — rió. Tenía una risa contagiosa, al rato comencé a reír con él. — ¿Quieres pasar?

Claro, claro.. — entré a su habitación algo púdica.

Ambos nos sentamos en la cama, yo miraba mis manos entrelazadas entre sí, y él..supongo que miraba el suelo.

Y..¿de qué hablamos? — rompió el silencio.

Emm..no lo sé, no soy buena para sacar temas de conversación.. —solo había una excepción, Joseph era el único que podía lograr eso.

Yo tampoco.. — suspiró y comenzó a palmearse las piernas, típico acto de nerviosismo.

¿Qué te gusta hacer? — acabé por comenzar la conversación yo.

Componer canciones, cantar y tocar la batería…

Wow.. ¿con que con cualidades ocultas?.. yo apenas puedo tocar los Simpson en la guitarra.. — rió.

También sé tocar la guitarra..y el piano..

Eres un chico multiusos..¿Sabes cocinar, reparar autos?

Si.. — rió sarcástico. — ¿Tu?, ¿Sabes hacer..algo en especial?

Em..al lado tuyo me quedo corta. Sé dibujar y pintar. Cocinar también, y soy genial limpiando inodoros.. — rió otra vez. ¿Desde cuándo me las daba de comediante?.

Eres simpática.. me caes bien..

Pero esa no fue tu primera impresión, ¿cierto?

Fuiste algo dura con nosotros.. — hizo una mueca.

Es verdad, lo siento mucho..

No re preocupes..te entendemos. Todos nosotros.. — Oh, genial. ¿Hablaban de mí cuando podían?

La charla comenzó a fluir por sí sola, Nick era bastante tímido al principio, pero cuando le das el pié, es un excelente amigo.

Nos interrumpieron cuando alguien tocó la puerta.

Nick, vamos a la playa, ¿vienes? — Joe asomó su cabeza por el umbral. Nos miró atónito, pero luego entrecerró los ojos con algo de recelo.

Si, ya voy.. — le contestó su hermano.

Apúrate.. — exclamó con un tono más autoritario y se fue.

No entiendo que le sucede.. — murmuró Nick. Yo sí sabía. Joseph estaba celoso, pero no iba a decírselo a su hermano.

Debe de tener un mal día.. — añadí.

Seguro..¿tu vienes con nosotros?

No lo creo, no me gustan las playas..ni el sol.. — hice un mohín de desprecio.

¿Te quedarás sola? — me miró con algo de preocupación.

No te preocupes.. —tomé su hombro. —, me gusta estar sola..

De acuerdo.. — suspiró. —, pero ya sabes, cualquier cosa, estamos a un par de pasos, eso es lo bueno de esta casa, la playa está muy cerca.. — asentí.


Al rato todos se fueron, luego de insistirme unas mil veces antes de irse de que fuera con ellos.

Prendí el gran estéreo y me acosté en el sillón con mi libro.

Una mano fría acarició mi mejilla haciéndome estremecer.

¿Te hiciste amiguita de Nick? — exclamó enfatizando “amiguita”.

Si, ¿algún problema? — me levanté del sillón para mirarlo, estaba con el pelo húmedo y su traje de baño mojado. Su torso estaba cubierto con una musculosa blanca que estaba media transparentosa por el agua de su cuerpo.

No.., creo.. — entrelazó sus manos en las mías. — ¿Por qué no vienes?

No me gusta el sol..ni la playa.. — comencé a tratar de liberarme de su agarre, pero no pude.

Que pena.. — se lamentó, Joe.—,tendré que quedarme contigo, así no estás sola.. —me apretó contra su torso húmedo y sonrió en mis labios. Que malvado.

El ruido de la puerta abriéndose nos pegó tal susto que ambos nos separamos bruscamente.

Joe, ¿no vienes? — era Kev.

No lo sé, no quiero dejar a Cath sola.. — excusas, excusas..

Claro.. — murmuró. Kevin seguramente intuía lo que estaba sucediendo.

Ni bien concluyó la oración nos dejó solos otra vez. “¡Kevin, vuelve!”, hubiese gritado, pero mi voz se encontraba encerrada en una cajita bajo llave.

De nuevo solos.. — comenzó a acercarse nuevamente.

Eh..debo ir a bañarme.. — dije todo de una sola vez y corrí escaleras arriba rezando poder encontrar el baño antes de que él me alcanzara.

¡Diablos! — golpeé mi frente con la palma de mi mano.

Había olvidado toda mi ropa abajo, si quería bañarme, tendría que bajar a buscar mis pertenencias.

Bajé despacio, tratando de no hacer ruido. Al llegar al piso de abajo no había nadie. No había señales de Joe y eso me tranquilizó mucho. Tomé mis cosas y subí con mucha mas calma hasta el baño.

La ducha resultó confortante, las tibias gotas golpeando mi piel lograron que olvidara, aunque sea por unos minutos, a Joseph y sus constantes intentos de seducirme. Reí recordando algunos.

Bufé. Volví a pensar en él, ¡y yo que pensaba que esa ducha resultaría un recreo!.

Salí del baño luego de vestirme y secar mi cabello con el secador. Me maquillé levemente y me encaminé al lavadero para poner mi ropa sucia.

Tiene que ser una broma..— gemí al ver el “lavarropas”.

Eso, definitivamente, no era un lavarropas. Era futurista, soy buena con las cosas tecnológicas, pero esto era demasiado.

¿Para qué una tabla digital, táctil, o como se llame?. Los botones eran mucho más prácticos.

Coloqué mi ropa dentro del aparato y miré el tablero. Inevitablemente mi labio inferior sobresalió, necesitaba concentrarme y buscarle la vuelta al aparato.

Oí pasos aproximándose, pero no les presté atención, estaba en una guerrilla contra el lavarropas del futuro.

Hey.. — llamó una voz familiar.

Cuando volteé me encontré a Joseph quitándose la remera.

¡¿Qué haces?! Pensé, ya que no articulé palabra alguna ante el asombro.

Pon esto también.. —me tiró su remera húmeda en la cara. Rió. —, está mojada por el mar..

Bufé y lo fulminé con la mirada.

Lo haría si no tuvieras este maldito aparato del futuro.. — exclamé señalando al lavarropas.

Es fácil. Mira, te enseño..

Se acercó, quizás demasiado. Su perfecto torso estaba frío y algo húmedo, lo sé porque rozó su pecho contra mi hombro al señalarme los botones en la pantalla. No tenía ni la más pálida idea de lo que hablaba, no le estaba prestando atención. Mis sentidos estaban todos atentos al torso desnudo de Joe.

¿Ves?, es fácil.. — concluyó presionando el botón en la pantalla que indicaba “Start".

Volví en sí.

Eh, si claro.. — me limité a contestar.

¿No me has escuchado, cierto? — me miró. Yo negué con la cabeza. —, no importa, cada vez que quieras usar el lavarropas..me llamas.. — embozó una sonrisa.

Claro, lo que él más quería en este mundo era que lo necesitase.

En tus sueños.. — sonreí irónica.

Me volteó rápidamente y tocó con su nariz, la mía.

Tú también lo desearías..no te hagas la dura conmigo.. — susurró. —, sabes muy bien que no puedes..

Lo callé.

Repito..en tus sueños.. —enfaticé.

El rió con ganas y acarició mi mejilla haciéndome estremecer.

Me encantas cuando te enojas..

Bufé. Pero esta vez fue mas de decepción que de ira. No podíamos, por más que mi corazón lo pidiera a gritos, yo tendría que hacerme la sorda y hacerle caso omiso a su llamado.

No caigas en la tentación.. Pensé al ver sus carnosos labios relamiéndose a la altura de mis ojos.

No caigas en la tentación.. Repetí en mi fuero interno.

Quizás esa frase debería grabársela a Joseph a la fuerza. Tenía que entender, que entre nosotros no PODÍA existir relación alguna.

Joe hizo una mueca, como dudando de si hacer algo o no. Traté de pensar varias razones por la cual él estaba debatiendo con su fuero interno.

Acerté en una.

Sus labios hicieron presión en los míos, alto tímidos.

Al diablo con la tentación…Dije por mis adentros luego de corresponderle el beso.

Esto a él lo emocionó y decidió avanzar un poco más. Sus labios se entreabrieron y capturó mi labio superior. Correspondí deleitándome con el inferior de él. Mis manos reptaron hasta su pecho. Maldito seas Joseph Adam Jonas, tú y tu perfecto cuerpo.

Amaba la sensación de estar con él, pero odiaba los lazos familiares que nos unían.

Las manos de Joe se aventuraron más, yacían en mi cintura, pero fueron bajando hasta mis muslos, hizo presión en ellos y me alzó en el aire para obligar a sentarme en el lavarropas que tanto me costaba entender.

Instintivamente mis piernas rodearon su pequeña cadera. ¿Por qué no podía alejarme de él?


Y volvemos a lo de antes. ¿Por qué era mas fuerte que yo?, ¿qué tenía él que me hacía hacer las cosas mal?, ¿y por qué me gustaba romper esas reglas?.

A medida que el beso aumentaba, lo mismo ocurría con mis preguntas que me estaban taladrando el cerebro. Suspiré y Joe notó que algo no andaba bien.

¿Qué sucede ahora?— me miró con ojos preocupados.

Es que.. — hice una mueca, tratando de buscar las palabras adecuadas.

Por favor, no salgas con el asuntito de “hermanos” de vuelta.. — suplicó tomando de mi rostro.

¿Cómo..cómo haces para no sentirte..culpable? — murmuré, no hacía falta hablar fuerte, estábamos lo suficientemente cerca para escucharnos.

¿Por qué sentirme así? — se separó de mí un poco, clavando sus ojos en mí—, yo estoy seguro de lo que siento..no le doy muchas vueltas al asunto..me gustas y punto.. — me besó fugazmente.

Pero..

Me obligó a callar con otro beso rápido.

¿Acaso quieres análisis de sangre para que estés completamente segura de que no somos hermanos?

Es más complicado que eso, Joe..

¿Pero eso calmaría un poco tu incomodidad?

Arqueé una ceja.

¿Esperas salir beneficiado de esto? — Era obvio. El rió.

Quiero que te des cuenta..de..

Interrumpí.

— …de que me gustas.. — terminé su oración. Joe se encogió de hombros.

Eres la única que logró llamarme tanto la atención..siempre..me rechazas..

Yo no.. — me tapó la boca con su mano.

Lo haces, y lo sabes. El punto es..que no entiendo por qué..

Sabes muy bien por qué.. — acaricié sus labios con la yema de mis dedos, que bien se sentía esa suave y acolchonada textura. Suspiró.

Arriésgate..

Joe..

Dime..dime que no te gusto y prometo dejarte en paz..

Era difícil creerle, pero sus ojos escondían esperanza, quería oír esas palabras que mi mente y corazón trataban de omitir.

Me gustas..me encantas.. Pensaba.

Cerré los ojos con fuerza. Quería decírselo, pero no era correcto ilusionarlo. Quería estar con él, aunque sea a escondidas, pero mi conciencia no estaría tranquila. Odiaba esas odiosas vocecitas retándome por las noches, impidiéndome dormir.

Abrí mis ojos y lo encontré, mirándome, tratando de descifrar mis expresiones.

¿Entonces? —insistió tomándome del rostro.

Yo.. —no podía decirle que me volvía loca, pero tampoco podía negarlo.

A él se le dibujó un sonrisa en su rostro.

¿Y bien? —insistió, otra vez. El ya sabía la respuesta.

Lo miré por un corto lapso de tiempo, fruncí mis labios y me escapé de su agarre y de él.

Caminé a paso rápido. Joe pudo haberme frenado, pero por una extraña razón..no lo hizo.

Corrí escaleras arriba y me encerré en mi cuarto.

¡Maldita sea! —golpeé la pared con mi puño.

¿Cath? —oh genial, ¿qué hace él aquí?.

Quiero estar sola, Kev..

Déjame entrar..por favor. Hablemos..

Bufé y miré la puerta con recelo. Decidí hacerle caso.

Diablos, mírate.. —rió.

Por favor..nada de bromas..

Lo siento..¿Qué sucede? —se sentó en mi cama.

No puedo decírtelo..es ilegal lo que hago..o hacemos.. —susurré.

¿Hacemos? —enarcó una ceja y pensó.— Ahh, te refieres..a lo de Joe.. —sonrió.

¡¿Cómo?!, ¡¿él ya lo sabía?

¿Eh?..— ja ja, uf..no, definitivamente no soy buena hablando.

Nos contó..y sinceramente, no veo problema alguno, no somos hermanos realmente..

¡Estás de su lado!..

Traidor, traidor. Y yo que pensé que Kevin era una persona hecha y derecha..¡Dios!. Todos los Jonas son igual de cabeza dura.

Escucha..calmate, Cath…

¡Pensé que estarías de mi lado!, ¡que comprenderías!..

Kevin me tomó los brazos, sacudiéndome para reaccionar.

¡Cath!.. —paré en seco—, tú y Joe..se gustan..¿De acuerdo?

No lograrás nada..

Lo intentaré. Joe..ahora se siente muy rechazado.. nunca lo había visto tan empeñado con una persona..

No sigas por favor..

Me miró, clavándome sus verdosos ojos.

¿Te hace sentir culpable saber como la está pasando mi hermano?..

Calla, Kevin..

Si.. —asintió entusiasmado— te lastima saber que él está mal..

En serio, p-para.. —traté de safarme de sus fuertes brazos.

Lo haré..pero escucha antes..Joe te quiere, no es broma.

Sé que no es broma.. — me solté bruscamente de su agarre.

¿Por qué lo lastimas, entonces?

No es mi intención lastimarlo..

Me interrumpió.

No parece..

¡No lo defiendas!..siempre está tratando de seducirme..todo lo que hace termina nublando mis sentidos, no puedo pensar estando con él…—suspiré— Quiero hacer las cosas bien, Kev.

Estará bien cuando los dos estén juntos..nuestra familia es muy abierta, no habrá problema con eso..no son hermanos…

No es tu familia..es la mía.

En ese caso..debes aprender a que no puedes seguir haciendo lo que los demás esperan..se feliz.. — cruzó el umbral de la puerta y se fue.

No, no..

se feliz..se feliz.. retumbaba en mi mente. ¡No!. Eran las mismas palabras de mi padre en mis sueños..Rompí en llanto, necesitaba ir al cementerio, comprar un ramo de lilas y ponerlas en la lápida de cemento.

Lilas..con sólo ver esas flores la paz se apoderaba de mi cuerpo. Tenía que haber lilas en ese lugar. De todos modos, ya era muy tarde, el sol se estaba ocultando.

Decidí cambiarme, lavar mi rostro que estaba cubierto de lágrimas e ir a la cama.




No deseaba otra cosa que esa semana se pasara. ¡Recién íbamos dos miserables días!

La noche fue horrible, mis pesadillas volvieron. Sólo que a mi padre se le unía Kevin y ambos repetían “se feliz”. ¡Qué tortura!.

Desperté apunto de caer al suelo, pero una mano me atajó.

¿A que fue una pesadilla? —dijo Joe acomodándome en la cama con sumo cuidado. ¿Qué hacía aquí?

J-joe..—seguramente tenía una pinta horrible.

Buen día.. —sonrió acomodando un poco mi pelo.

¿Desde cuando estás en mi habitación?

Desde que oí los gritos..recuerda que mi alcoba queda frente a la tuya.. —¿A sí? No lo sabía..

¿Gritaba? — parpadeé repetidas veces tratando de recordar que soñaba.

¡Y cómo gritabas!...pensé que había entrado alguien y te estaba cortando en pedacitos.. —rió— lindos pedacitos.. —corrigió a lo que yo reí.

Comenzó a acercarse y casi caigo otra vez en sus redes, pero recordé que recién despertaba y de seguro mi aliento serviría para hacer una fumigación.

Retrocedí mi rostro del de él rápidamente y corrí al baño.

¿Y ahora que sucede? —preguntó Joe algo impaciente.

No contesté, solo gruñí por lo bajo y lavé dos veces mis dientes, luego mi cara y peiné un poco el matorral que se había formado en mi cabeza. Nunca había tenido problemas con mi cabello, pero ese día se había rebelado contra mí.

Listo.. —salí del baño toda gloriosa y con un aliento a menta irresistible.

Ese día andaba con ganas de provocar a Joe.


¿Qué piensas? —pregunté dando una vuelta lentamente para darle a él una mejor panorámica.

Wow..de verdad..estas…estas…—logré mi cometido.

Mi lindo vestido de verano que estaba casi nuevo ya que nunca lo usaba, era un arma muy efectiva a la hora de provocar a los chicos. Ese escote los mata.

Comencé a acercarme para luego llevar mis brazos a sus hombros.

Recorrí con mis dedos su bien formada mandíbula y besé su clavícula.

¿Qué te sucede?..no eras..así..

Tenía razón..¿Qué me sucedía?. Me aparté de él algo asombrada.

Lo siento, no sé que me sucedió.

No te vayas..me gustaba la otra Cath.. —rió—, nunca se sabe cuando volverás a rechazarme, prefiero aprovechar la oportunidad..

Se acercó acorralándome contra la pared.

Pe-pero..está mal..—me excusé.

El me calló colocando su mano en mi boca y ejerciendo un poco de presión.

Solo…déjame disfrutar un poco..

Claro, como quieras..

Lentamente quitó su mano de mis labios para luego acercar su rostro y besarme levemente. El beso fue muy delicado, capturaba mis labios de una forma placentera e indescriptible, yo solo le seguí el juego.

Mis manos, que estaban en su pecho tratando de apartarlo, se cansaron de hacer presión en vano y fueron reptando hasta su cuello para así acercarlo más a mi fisonomía.

El beso fue acrecentando velocidad y fue ahí cuando mis instintos animales aparecieron.

Mi carnoso miembro bucal entró sin vergüenza entre los suculentos labios de Joseph buscando desesperadamente compañía..y la encontró.

Sentí una brisa en las piernas y me percaté de que Joe había descubierto mi muslo derecho y parte del izquierdo con sus calientes manos y ambas de ellas seguían subiendo, ¿Hasta donde quería llegar?. Yo también quería ver un poco de su piel, y de tan solo pensar en la primera vez que lo vi sin remera la piel se me puso de gallina.

Comencé a tirar de su delgada musculosa rosa para quitarla del medio, y Joe ayudó.

Pronto tenía toda su hirviente piel a mi merced mientras él me devoraba los labios y masajeaba mis muslos con frenesí.

Presionó aún más su caliente torso contra el mío, estrujándome contra la pared. Sus labios que antes eran parte de los míos, bajaron por mi mandíbula hasta mi cuello, y siguió bajando hasta la loma de mis pechos.

¿Cómo era posible que este chico me llevara al éxtasis de esa forma?

Llegué al punto de querer arrancarle toda la ropa pero me abstuve..solo por unos minutos.

Con mis piernas comencé a tratar de empujar su short hacia abajo, era tan evidente mi desesperación que Joe comenzó a reír.

Lo..lo siento, soy n-nueva en estas..cosas..—confesé agitada.

N-no te preo..cupes, yo ..también lo..soy—dijo levantando más mi vestido.

E-espera, Joe.. —tomé sus manos que estaban a punto de quitar completamente mi vestido— . No me siento lista..

Me miró.

No estas obligada a llegar a eso, Cath…Jamás te forzaría.. —acarició mi pelo.

Entonces..¿Qué..

Interrumpió.

Un juego.. —sonrió—, no haremos nada hasta que ambos estemos listos..aparte, iba a ser demasiado pronto teniendo en cuenta que esta es la primera vez que me dejas disfrutar.. —me besó en la frente y rió.

Nos miramos a los ojos en silencio, como si no hubiera nada más que decir.

Sabes..vine a decirte que ya estaba el desayuno.. —sonrió.

¿Seguirán esperándonos? —pregunté.

Probablemente..

Ambos reímos al unísono, acomodamos nuestras arrugadas ropas y nuestras desordenadas cabelleras para bajar al comedor y desayunar con el resto de la familia.


Al bajar Kev y Nick nos miraron con una sonrisa cómplice dibujada en sus angelicales rostros. Supongo que lo de Joe en mi habitación había sido todo un plan.

¿Por qué tardaron tanto? —preguntó mi madre.

Es que Cath tiene el sueño pesado, Sarah.. —contestó Joe. Yo lo pateé por debajo de la mesa a lo que él gimió y luego rió.

Sucede que no dormí muy bien, y cuando al fin pude dormirme, Joe apareció.

No fuiste muy rudo al despertarla, ¿cierto, Joe? —Kevin padre miró al interpelado.

Claro que no, pa…—embozó una sonrisa, de esas que me matan.


El desayuno fue tranquilo, a excepción de Joe..que cada oportunidad que tenía de tocarme, lo hacía. Un roce, lo que fuera.

¿Me pasas la leche, Joe? —pregunté algo distraída.

Claro..

Dos segundos, fueron dos segundos en el que sus dedos recorrieron mi mano logrando que el corazón palpitara más rápido. ¿A caso nadie se daba cuenta?, ¡Para mí era muy obvio!.

Al fin, el desayuno terminó y me ofrecí a ayudar a mi madre en la cocina.

He estado observando cómo te mira Joe.. —comenzó. Sentí que un nudo del tamaño de una pelota de fútbol se formaba en mi garganta. Eso iba a ser un monólogo—, te llevas bien con él, ¿verdad? —no contesté—. Sé que esto de la nueva familia no te agradaba mucho, pero recuerda que tienes cuatro hermanos, Cath..no solo uno..

Claro, por que yo a Joseph lo consideraba hermano. Sí, mamá.

Así que..piénsalo..

Ajá.. —me limité a contestar mientras secaba las tasas y las guardaba.


Toda la familia decidió pasar el día en la playa. Yo me quedé, por supuesto.

Aproveché para ordenar un poco y quitar la arena de la entrada.

Lo curioso fue que mientras transcurría la tarde, el único que hizo su aparición por la casa fue Frankie, y solo fue para buscar más juguetes.

¿Segura que no quieres venir, Cath? —preguntó el pequeño de ocho años.

Segurísima, Frankie, no te preocupes.. —sonreí y besé su cabecita.

Si bien con Frankie no había pasado mucho tiempo, él era el único con el que me sentía a gusto. Claro que es por que lo único que despierta el pequeño en mí es el instinto maternal y no el animal, hormonal.

De todos modos, nuestra relación era muy corta, pero nos llevábamos estupendamente.

Por enésima vez, limpié la entrada que otra vez estaba llena de arena. Espié por la ventana para ver qué estaban haciendo el resto de la familia..o mas bien qué estaba haciendo Joe.

Si no fuera un bicho nocturno que odia el calor, hubiese salido a buscarlo, pero no. Observé otra vez y no estaba. ¿Estaría en el agua?.

¿A quien busca, señorita? —rodeó mi cintura con sus brazos, Joe.

A ti.. —sonreí y me volteé para enfrentarlo, estaba todo mojado, como de costumbre—, escucha, me estás empapando..

Lo siento.. —se lamentó y tomó un poco de distancia—. Sabes..tengo ganas de jugar.. —dijo acercándose otra vez.

¿Jugar?..¿a qué?...¿al Monopoly? —inquirí divertida.

Mmm..nop.. —rozó su nariz con la mía.

No comprendo.. —claro que comprendía, no me crean tan ingenua.

El sonrió y besó la comisura de mis labios.

Ah..era ESE juego.. —asentí—. Estás mojado, Joe..

Y tú tienes calor..mira como brilla la piel de tu frente.. — pasó su mano por mi cara, arrastrando el sudor.

¿No te da asco? —arqueé una ceja.

En lo absoluto..mira el lado bueno, yo mojado como estoy, puedo refrescarte..

Prefiero una ducha de agua tibia y ropa limpia..

Histérica..

Arrogante…—rebatí.

Ambos reímos y de un momento a otro nos estábamos besando frenéticamente.

La puerta se abrió y ambos nos separamos. Joe al ver que era Nick el que había entrado, suspiró de alivio y sonrió. Yo me puse de todos los colores del arco iris por la vergüenza, Nicholas se alegró y le dio un pequeño golpe a Joe en señales de felicitación. ¿Qué?...¿Lo..lo felicitaba?.

Bien hecho, hermano..—musitó Nick luego de darle ese pequeño golpe.

Joe sonrió victorioso.

Probablemente Nick nos había visto, además, era medio evidente, ya que mi ropa estaba húmeda y oscura por culpa del cuerpo mojado de Joe.

Las gotas se resbalaban por su piel…Dios mío, ¿era legal ser tan hermoso y perfecto?. La cabeza comenzó a darme vueltas.

Cath..respira, estás azul.. —me volvió en sí, Joe.

Si, si.. —aspiré una gran bocanada de aire—. ¿Por qué te felicitó Nick?

Por nada en especial.. —contestó acercándose otra vez, pero me aparté antes de que sus labios volvieran a tocar los míos.

Joe..

El suspiró.

Mis hermanos saben..que entre nosotros pasa algo..y lo aprueban. Nuestra relación está a salvo con ellos.

¡Pobres!, ¿Qué pasa si nos descubren?..¡Ellos son testigos de esta locura! —comencé a ponerme esquizofrénica.

Cálmate, no nos descubrirán..

Lo harán si sigues dándome besos a la vista de todo el mundo.. —fruncí el ceño y me encaminé a mi habitación.

Joe gritó mi nombre, pero no le dí importancia, sus llamados se ahogaron cuando cerré fuerte la puerta de mi alcoba.

Odiaba que fuera tan confiado de sí mismo, que no le importara si nos descubrían..y también odiaba cuando disfrutaba de mi furia. Parecía divertirle verme roja de la ira.

Aspiré profundo para tratar de calmarme. Pensé en mi padre, Andrew, y los deseos de comprar un ramo de lilas y llevarlas a su placa de cemento volvieron.

Pasé una o dos horas en mi habitación hasta que llamaron a la puerta.

Si tu nombre es Joe, tienes prohibida la entrada. —soné firme.

Como no entró, supuse que era él. Pero al cabo de un rato, tocaron otra vez. Bufé.

Joe..no fastidies.

Pero entró igual.

Naturalmente, mi nombre es Joseph Adam Jonas.. —sonrió.

Pero tu nombre también es Joe..vete.

No seas mala, ven conmigo a dar un paseo por la playa..no hay sol, y afuera está fresco, te gustará.. —sonrió y extendió su mano.

Titubeé en tomarla, pero al final, sonreí y acepté ir a dar un paseo nocturno con él.

Me obligó a ponerme un abrigo, yo no quería, estaba ahogándome del calor, pero le terminé haciendo caso.

Es mejor si caminamos descalzos..—propuso.

¿Descalzos?, pueden haber cosas en la arena que nos pueden lastimar..no podremos ver nada si está oscuro..

Esta es una de las playas mas limpias del país, puedes quedarte tranquila. —sonrió.

Solo asentí y me quité mis sandalias. Tomó de mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Me empujó hasta la orilla para que mis pies tocaran el agua, cuando apenas los dedos de mis extremidades hicieron contacto con el agua salada, pegué un salto.

¡Está helada!

¿Qué esperabas…agua caribeña? —rió y me tomó en brazos, alzándome un poco. —, es hasta que se te acostumbre la piel..inténtalo de nuevo..

Me apoyó lentamente otra vez en el agua, y esta vez la sentí mejor.

¿Y ahora?

Ahora está bien.. —contesté.

Comencé a disfrutar el contacto con la playa, la arena. Pero solo de noche, no podría hacer esto durante el día. Pero más disfrutaba estar a solas, de verdad a SOLAS con Joe.


Continuamos caminando, hablamos, reímos y bromeamos. Siempre tomados de la mano y él cada vez que se le presentaba la oportunidad, me tomaba de la cintura para arrastrarme hasta sus labios.

Luego de caminar varios metros, nos sentamos en la superficie áspera.

Cuanta..paz.. — aspiré hondo y sonreí.

Este lugar..me recuerda a mamá.. —susurró Joe. Yo lo miré.

¿Cómo se llamaba? —pregunté jugueteando con sus dedos.

Denise.. —musitó encogiéndose de hombros.

Apuesto a que fue una excelente madre..

Una de las mejores..siempre sonriendo, de un estupendo humor.

Noté como de a poco su voz se iba quebrando. Acaricié su oscuro cabello y lo besé en los labios.

Sabes que está contigo..

Es que..la extraño tanto.. —no pude abstenerme y lo abracé.

No tienes idea de cuanto te entiendo..

Nos quedamos un rato, abrazados en silencio.

Sabes..hay veces que no te comprendo.. —su congoja se borró y sonrió.

Quedé perpleja, él continuó.

Me estoy cuestionando de si en verdad me quieres..

Me dieron ganas de darle vuelta la cara de un sopapo.

¡Claro que te quiero!.. —grité de la desesperación.

Ahora dices eso..pero hay veces que siento que no quieres verme más..

Si no quiero verte más es por el miedo que tengo a que nos descubran..

¿Descubrir qué?..no estamos cometiendo un crimen..

Puse los ojos en blanco. El rió.

No importa, no quiero pelear ahora..y eso que me encanta verte enojada..

Idiota.. —bufé. El carcajeó.


Entrelazó su mano derecha en mi negro cabello y me arrastró hasta sus labios. A medida que yo aflojaba más la tensión, el sonreía. Le encantaba ganar y obtener lo que quería…


Terminamos acostados en la arena, mirando el cielo estrellado…bueno, al menos eso hacía yo, ya que él se dedicaba a escanear mi rostro.

De verdad que eres preciosa..—murmuró.

Es porque hay poca luz, Joe.. —bromeé, el rió.


Ya me estaba durmiendo con la relajante melodía de las olas sobre la costa, y el viento acompañaba perfectamente. Claro que las caricias de Joe en mi cara y cabello no ayudaban con la tarea de mantenerme despierta, quería estar despabilada y disfrutar de esa noche antes de que el sol llegara y lo arruinara por completo. Quería estar con Joe..lejos de todo y de todos, sin nadie que nos impidiera estar juntos.

Una serie de besos por mi frente logró estremecerme. Joseph era genial en estas cosas. Mis párpados pesaban cien kilos, ya no podía mantener mis ojos abiertos. Giré mi cabeza que se encontraba apoyada muy cómodamente en el brazo de Joe que me rodeaba, y lo miré casi rindiéndome ante Morfeo.

Sentí una leve presión en mis labios, y luego…perdí la conciencia.



Desperté en mi cama con todas las sábanas revueltas, esa fue una noche terrible, la mas calurosa de mi vida. Me sentía toda pegoteada y sudada. Me moví para despegar mi cuerpo de las sábanas húmedas pero unos brazos estaban rodeándome.

Sabía quien era, y me encantó dormir con él esa noche, aunque lo último que recuerdo era la playa.

Acaricié sus brazos con la yema de los dedos..y luego, reaccioné.

¡Diablos, Joe!, ¡no debes estar aquí! —comencé a sacudirme de su agarre hasta caer de la cama—¡Auch!

¡Cath!, ¿estás bien? —preguntó algo adormilado, Joseph.

Si, si, ¡ahora vete!, ¡alguien podría vernos!

Me levanté aún con mi espalda y trasero adoloridos para tomarlo de los brazos y empujarlo hasta la puerta.

Adiós.. —susurré— ¡Alto, espera!

Lo tomé de la muñeca y lo arrastré de nuevo a mi habitación para aplastarlo contra la puerta y besarlo frenéticamente. En solo cinco segundos logré dejarlo sin aliento.

Wow..okey.. —expresó sorprendido.

Ahora sí, vete.. —sonreí victoriosa y cerré la puerta.

Extrañamente me sentía bien, era raro ya que cada vez que estaba con Joseph al rato me sentía pésimo, culpable y mentirosa.

Me tiré otra vez en mi lecho, hundiéndome entre las sábanas que a pesar de estar húmedas por la sudorosa noche, tenían el perfume de Joe. Luego de embriagarme de él, tomé un juego nuevo de sábanas para llevar las otras a lavar.

¡Cath, cariño!—expresó mi madre.

Buen día, ma.

¿Cómo has dormido?

Espectacularmente bien madre, dormí abrazada a Joe toda la noche a pesar del calor.

Apuesto a que con eso caía redondita al piso.

Uff, ni te imaginas..el calor me provocó pesadillas.. —mentí.

Oh, cielo..le diré a Kevin que prenda el aire acondicionado esta noche..

Gracias ma.. — sonreí y la besé en la mejilla.


Luego de desayunar -por supuesto, con la mirada de Joe clavada en mi rostro-, me quedé en la mesa con Kev, que propuso jugar un juego de cartas.

Y..¿cómo estás llevando esto?.. —preguntó mirando sus cartas.

¿Cómo llevo qué?

Ya sabes..esto..que tienes con Joe.. —susurró.

Ah..emm, bien..supongo —mordí mi labio inferior.

¿Se te fue la histeria? —rió burlonamente.

Creo que eso ya lo sabes, Joe debe contarte..¿A que no? —incité. El rió.

Claro, claro.. —suspiró— pero..hagan sus cosas fuera de la casa..sería más seguro..

Por Dios, Kevin, ¿Qué cosas crees que hago con tu hermano? —bufé.

Cosas que todavía no hacen, pero harán.. —embozó una sonrisa, de esas que te dejan sin aliento.


Esa fue una de las más lindas mañanas que había tenido en esas pequeñas vacaciones, con Kev nos pudimos conocer a fondo, supe que una de las cosas que no puede hacer es dormir si su cama no está hecha. Una locura, yo puedo dormir hasta en el suelo.

Pero eso habla mucho de él, es un chico ordenado.


Luego de almorzar, Nick propuso andar a caballo en la costa. Amaba la idea, pero de solo pensar en el sol todas las ganas se esfumaban.

Vamos, Cath..será divertido.. —intentó convencerme, Nick.

Me encantaría, pero sabes muy bien que detesto el sol..

Pero por ese capricho te pierdes de cosas muy lindas.. —auch.

Suspiré.

Tengo una idea.. —acotó, Joseph— podemos ir cuando el sol esté bajo. Es mucho mejor que andar a esta hora, los rayos ultravioletas son muy fuertes..

Genial, la excusa perfecta. Nick puso los ojos en blanco.

De acuerdo, tú ganas..iré a reservar los caballos para las siete de la tarde..

Perfecto.. —dijimos al unísono con Joe.

En ese momento el muchacho de pelo oscuro se acercó a su hermano para susurrarle algo al oído, pero no logré escuchar, ya que mi madre me llamó desde el living.

¿Qué sucede, ma?

¿Irás con los chicos esta tarde, hija?

Sip..

Genial, nosotros iremos a conocer la cuidad, así que te quedarás sola con los chicos. Nos llevaremos a Frankie..

Música para mis oídos..nos quedaremos solos..

De acuerdo..no te hagas problema. Diviértete.. —presioné mis labios para esconder una sonrisa de satisfacción.


A solo un par de horas de que mi madre y el padre de los chicos se fueran junto a Frankie, subí a mi habitación para buscar un atuendo que pegara con la situación. Claro que no me iba a vestir de cowboy, pero un vestido sería genial..sabía lo que le provocaba a Joe cuando usaba vestidos.

Al entrar a mi alcoba vi una pequeña nota sobre la almohada.

No te imaginas cuanto anhelo estar a solas contigo esta tarde.”

Oh diablos, sentí que el corazón aumentaba exageradamente su ritmo. Tomé instintivamente mi pecho con los brazos, como si el corazón fuese a salir.

Tranquila..respira.. —cerré los ojos y obedecí a mis órdenes.

Era en vano, las piernas me temblaban y el corazón estaba enloquecido.

Decidido..usaré vestido esta tarde..

No estaba segura de qué tenía planeado Joe para nosotros..pero no iba a negarme, aunque tiemble de los nervios y no pueda respirar..iba a aprovechar el momento.


Mi madre subió hasta mi habitación para despedirse.

Nos vamos, cariño..—me avisó.

De acuerdo, pásalo genial..

Besó mi frente, sonrió y se fue.

Debía apurarme, que mamá se fuera significaba que ya era hora de ir a buscar los caballos.

Me maquillé, no muy cargado, lo más natural posible. Delineador y brillo labial solamente. Solté mi negro cabello que ya casi estaba por la cintura y bajé para el living.

¿Ya estamos todos? —preguntó Kev, él siempre tan organizado.


Joe me miró de reojo y entrelazó su mano con la mía. Los cuatro fuimos caminando por la costa, parloteando y riendo. Honestamente, nunca había reído tanto antes, los Jonas eran los únicos que podían lograr arrancarme una sonrisa.

Kevin iba hablando de los fuertes ronquidos de Nick mientras éste se ponía rojo como tomate y golpeaba a su hermano ordenando que cerrara el pico.

¡Y eso que duermo a dos habitaciones de la de él! —continuó Kev burlándose.

¡Ya cállate! —otro golpe.

No tienes por qué avergonzarte, los ronquidos son muy comunes en los hombres.. —traté de calmar a Nicholas. El sonrió.

Gracias..

Lo empujé levemente apoyando mi peso en su brazo izquierdo, amistosamente.


Al llegar había un hombre con un sombrero, bigote y botas. Bien a lo cowboy.

Buenas tardes, chicos.. —saludó con su voz grave y ronca.

Buenas tardes.. —contestamos todos al unísono.

¿Alguno de ustedes ha montado antes? —preguntó.

Un par de veces..cuando éramos niños.. —contestó Kev.

De acuerdo..entonces no se les hará muy difícil..tomen—nos entregó las sillas de montar—, cada uno tome un caballo.

Todos obedecimos. Yo opté por uno de color café con leche, tenía una mancha negra en el hocico y unos ojos preciosos. Joe tomó el negro, Nick uno chocolate con manchas blancas y Kev el que tenía color mantequilla.

No tenía ni la más pálida idea de cómo colocar esa maldita silla. Mi orgullo no me permitió abrir la boca y pedir ayuda, debía hacerlo yo.

Nunca pedirás ayuda, ¿cierto? —suspiró y vino a ayudarme, Joe.

Sabes como soy..

Ajá..cabeza dura.. —me dedicó una sonrisa pícara mientras ajustaba los cintos de cuero de la silla—. Listo, ¿necesitas ayuda para subir?

No, gracias. Puedo sola.. —contesté con grandeza, fingida, por supuesto.


El se encogió de hombros y palmeó el lomo del caballo para luego alejarse, cruzar sus fuertes brazos sobre su pecho y mirar cómo me subía al animal.

[i]Pie derecho primero, saltas y pasas el izquierdo al otro lado,¡fácil![/i]. Pensé.

Sonaba demasiado sencillo, pero no montaba un caballo hacía años. Con algo de torpeza logré subir al lomo del animal, tomé las correas y me volteé para mirar a Joe e hice un gesto burlón.

Liberó un solo “ja” en un soplo, se descruzó de brazos y caminó hasta su caballo. Me miró, me dio la espalda y subió al potro como todo un profesional.

¿Por qué demonios era tan sexy?

Me miró nuevamente e imitó el gesto que yo había hecho anteriormente.


Comenzamos a andar por las orillas de la playa, hasta que Joe tomó las correas firmemente y presionó con sus piernas las costillas del caballo acompañado de un grito autoritario. Salió disparando, su imagen comenzó a borrarse hasta que decidí seguirlo, lo imité y al rato sentí que volaba, el pelo ondeaba, el agua me salpicaba y sentía que mis pulmones no eran lo suficientemente grandes para tomar todo el aire que mis fosas nasales aspiraban.

Miré a mis lados y se encontraban Nick y Kevin carcajeando, disfrutando la libertad de correr..divirtiéndose.

Cuando alcancé a Joe, íbamos muy rápido, todo el paisaje se había convertido en un borrón. Hasta que él paró, yo hice lo mismo. En cambio, los chicos siguieron de largo a toda velocidad, dejándonos solos.


Bajó del caballo y se dirigió al mío para ayudarme a bajar. Obediente, crucé mis piernas de un solo lado y él luego me alzó para que mis pies tocaran la arenosa superficie.


Los dos al mismo tiempo nos dejamos caer en la arena. Joe rodó hasta quedar encima de mí, instintivamente tomé un puñado de arena y se lo arrojé a la cara. Joseph se incorporó de un salto y me miró estupefacto. Comencé a reír con ganas, su cara de sorpresa era demasiado graciosa. Al rato ambos estábamos carcajeando.

Se sentó a mi lado y yo volví a recostarme. Pronto sentí como sus dedos iban posándose en la piel de mi tobillo, y luego subiendo lentamente.

Me gusta tu vestido..—expresó.

Sonreí satisfecha, sabía que le iba a gustar mi vestido. Continuó acariciando mi pierna, subiendo por mi muslo hasta mi estómago..

Te sienta bien el color blanco..—continuaba mimándome y yo reía por los nervios.

Su mano llego a mi nuca, enredó sus dedos en mi cabello y me dio un beso dulzón que escondía lujuria. Su cuerpo se fue acoplando con el mío a medida que el beso aumentaba. Su lengua chocaba con la mía constantemente mientras sus manos estaban muy entretenidas masajeando mis muslos.


El beso continuaba, solo que un poco mas fogoso de lo normal. Al rato lo aparté dulcemente de mí logrando que él quedara en su posición anterior, sentado y yo cómoda cara al cielo.

Estaba tranquila y entretenida tratando de recordar las constelaciones, estaba matando mi cabeza si la cruz del sur que estaba viendo, era la verdadera, ya que un poco mas abajo había otra idéntica.

Un suave cosquilleo en mi brazo derecho me quitó de mi transe, pero al ver que era Joe quien estaba lisonjeándome, me tranquilicé y traté de concentrarme otra vez. Se me hizo imposible.


Su mano estaba por mi hombro y con sus dedos trazaba formas abstractas por mi cuello en la zona de mi pecho. Alto, ¿mi pecho?.

Me levanté apoyando todo mi peso sobre mis codos y miré su brazo y luego a él. Joseph continuaba dibujando, como si él fuera el artista y yo el lienzo.

Aún así no bajé la guardia, estaba esperando a que él tocara algo que no debía para así reprimirlo. No lo hizo.

¿Piensas continuar?—pregunté.

El paró en seco, sin quitar su mano, me miró. No era esas típicas miradas, aunque las de él siempre eran únicas, ésta te quemaba. No del fuego abrasador que mata, sino el que es penetrante, cálido. Una quemazón que se disfruta.

Esperé a que contestara y rogando a Dios que él haya entendido la sutil indirecta, no quería explicárselo con lujo de detalles. Otra vez, el tiempo paraba, por lo menos para mí lo era. Sus ojos seguían clavados en los míos, serios, calmos…luego, sonrió ampliamente.

No.. —contestó sereno, aún con su sonrisa dibujada en el rostro.

Mis labios se curvaron hacia arriba y me recosté otra vez en la arena. Los codos me dolían, la arena probablemente me había lastimado un poco.


El caballo de Joe bufó y movió su cabeza y pesuñas. Los dos levantamos la vista para mirarlo y nos percatamos de que se estaba haciendo tarde.

Quizás..deberíamos ir con los demás.. —dije, pero no moví un músculo.

El perfecto moreno se levantó pero yo no lo hice. Rió y me extendió una de sus grandes manos para ayudar a levantarme. Me incorporé de un salto.

Luego me ayudó a subir a mi caballo, tomándome la pierna, o mas bien el muslo, demasiado arriba. Mi corazón palpitó rápidamente y la sangre se acumuló en mis mejillas. Quien lo diría..el osado de Joseph. Perdí la concentración por un lapso de tiempo, su mano en mi muslo me volvía loca, noté que se dio cuenta, pero él no hizo más nada, quitó su mano y sonrió ampliamente, triunfante.


Cabalgamos un rato en la oscuridad, únicamente iluminados por la luna. Joe gritó los nombres de sus hermanos. Los dos estaban sentados sobre una roca tirando piedras al mar. Se incorporaron y subieron a sus caballos en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando llegamos a la casa, mamá y Kevin estaban allí. Habían comprado un par de cosas. Mamá nos sonrió a todos al vernos entrar.. felices y resplandecientes.


¡Yo me baño primero! —grité y subí escaleras arriba para buscar mis pertenencias y pegarme una ducha.


Me desvestí y me metí en la tina llena de agua tibia. Lavé mi negro cabello, que probablemente estaría lleno de arena, unas tres veces. Humecté bien las puntas con crema de enjuague y luego tomé la esponja exfoliante para pasarle a mis maltratados codos. De paso enjuagué todo mi cuerpo y quité todo rastro de suciedad, arena y células muertas.

Después de secarme, me puse crema hidratante olor a fresas, me encantaba. Con una toalla en la cabeza y otra cubriendo mi cuerpo salí del ambiente húmedo del baño para ir a mi habitación.

Al entrar me percaté de que Joe se encontraba sentado en mi cama con mi libro de Crepúsculo entre sus manos. Quería hablar y caminar hacia él, pero mis pies fueron clavados al suelo y mi boca cocida a hilo y aguja.

Sacudí mi cabeza para reaccionar, de dos zancadas llegué a donde estaba Joe, le quité mi libro, lo arrojé lejos y lo miré algo enfadada.

Me correspondió embozando una dulce sonrisa.

Fuera. —dije en un tono autócrata.

Aún sonriente, se puso de pie, pero no caminó hacia la puerta, se quedó ahí.

Fuera. —repetí lentamente, marcando bien las sílabas.

No. Ni un solo paso, ni siquiera movió los pies. Continuó con sus labios curvados hacia arriba, feliz.

Al ver que el señorcito no tenía ni la mas mínima intención de moverse, lo haríamos por las malas. En un movimiento rápido me escabullí por su lado hasta quedar enfrentada con su enorme y triangular espalda. Con mis manos comencé a empujarlo hacia la puerta, para mi suerte no se opuso, pero sí se burlaba. Debía hacer mucha fuerza para moverlo.

Al llegar a la puerta, Joe puso sus brazos en el marco para voltearse, cerrar la puerta y presionarme contra su torso. Me arrastró con él hasta quedar apoyado en la madera blanca de la puerta, tomó mi cara con sus tibias manos y besó mis labios con furor, y de un tirón quitó la toalla de mi cabeza, tirándola al suelo. Mi mente se había quedado en el momento en el que lo empujaba para que se fuera.


Se separó de mí para luego tomar una de mis mejillas con su dedo pulgar e índice y pellizcarme como una niña.

Eres muy lenta.. —se burló. Yo fruncí el ceño.

Me soltó y apartó de él remisamente, me dedicó una media sonrisa antes de voltearse e irse cerrando la puerta detrás de él.

Pude haber pasado por una estatua unos dos minutos, con mi cara de sorpresa y una de mis manos sosteniendo la toalla que cubría mi cuerpo. Reaccioné parpadeando repetidas veces, todo había sucedido muy rápido.

Comencé a vestirme, pero a la vez pensaba de cuanto había cambiado mi forma de vestir. Antes era cualquier cosa y ahora elegía vestidos en vez de simples jeans. Descubrí que casi inconscientemente, me vestía así para Joe.

¡Que tarada!, todo por un chico…

De todas formas, opté por un lindo, delicado y fresco camisón.


Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina donde estaba Kev haciendo unas palomitas de maíz.

¿Palomitas de maíz?—pregunté lo obvio.

Ajá..es tarde para cenar..miraremos unas películas..

Genial.. —sonreí— ¿necesitas ayuda?

No, no, mis palomitas son las mejores y no necesito a nadie que me ayude. Mejor es si vas por ahí..no quiero que descubras el secreto de por qué son tan ricas..

Parecía realmente entusiasmado con que probara sus palomitas..reí.

¿Dónde está..?

Interrumpió.

Fue a buscar películas..y Nick está bañándose.

Reí otra vez. ¿Era tan obvia?.

Fui algo aburrida hasta el sillón y me tiré como saco de papas a los almohadones. Miré la pantalla del televisor sin prestarle la mas mínima atención.

En ese momento, sentí como una lamparita se encendía en mi interior. Me levanté y subí las escaleras para encontrarme con el pasillo que conectaba con todas las habitaciones. Caminé hasta la habitación de Kev y Joe, que quedaba en frente de la mía y entré.

Habían dos camas, supuse que la cama de Joe era la de la derecha. Medio obvia mi suposición..¿Por qué Kevin tendría un almohadón que dijera “danger”?.

Corrí hacia la cama y me tire de panza hasta hundir mi cara en la almohada, de paso ahogaba mis carcajadas. Que bien olía, toda su cama estaba impregnada con el aroma de él.

Aspiré su perfume, llenando mis pulmones de él. Abracé la almohadita que tenía escrito su sobre nombre y comencé a soñar despierta.

No del todo, no soy de dejarme llevar demasiado, pero me dediqué a revolver los recuerdos del pasado, cuando apenas nos conocimos. Un mes, mas o menos.


Cuando con sólo mirarme me arrebataba el aliento..y aún lo sigue haciendo.

Inhalé otra vez la pequeña almohada. Ya parecía drogadicta. Cómo no serlo..¡si era el perfume más rico del mundo!.

Pronto sentí unas manos deslizándose en mis hombros y pegué tal salto del susto que quien me había despertado de mi idiotez retrocedió unos pasos por el asombro.

Cath..¿Qué haces aquí?—preguntó mi madre.


En ese momento miles de excusas se cruzaron por mi mente, pero ninguna parecía ser lo suficientemente convincente..

¿Dónde estoy? ¡Ah!, es la habitación de los chicos, ¡que distraída soy!”…”Vine a buscar algo que me pidió Kev, y al ver la cama tan cómoda me tiré un ratito…”

Tenía más, pero no encajaban..

Vine a acostarme en la cama de Joe por que estoy enamorada de él, Mamá.”

Esa, sin duda, estaba fuera de la lista.

Mi madre aún me miraba, esperando la respuesta que aún mi mente no había formulado. Al ver que no contestaba, ella habló.

Catherine, exijo que me digas que está pasando..

Por supuesto, ya era demasiada suerte que mi madre no se diera cuenta de lo que pasaba con Joe, un niño de cuatro años podría asimilarlo.

Bajé la mirada y continué en silencio. Esa gota hizo rebalsar el vaso de su paciencia.

¡Catherine Clawford!

Mamá..yo.. —levanté la vista y noté como se tranquilizaba y se sentaba en la cama contigua para oírme.

Sentí un enorme nudo en la garganta, me impedía respirar y tragar. ¡Estaba asfixiándome!. Instintivamente tomé mi garganta con una de mis extremidades e hice fuerza para poder tragar saliva ruidosamente.

Mi madre suspiró, impaciente.

Escucha, esto no es nada fácil para mí..

Claro..lo sé, pero entiéndeme Cath..están pasando cosas extrañas en frente de mis narices..

Interrumpí.

¡Lo sé!..¡Pero cuesta, mamá! —comencé a respirar agitadamente, mis pulmones se estaban cerrando, al igual que mi garganta.

Mi vista se nubló y la cabeza me daba vueltas. ¿Era eso normal?.

¿Cath? —preguntó mi mamá—¿Te encuentras bien?

Era evidente que no. Traté de tranquilizarme.

Hija..estás azul.. —noté ese tono de alarma en su voz.

Pero yo seguía mareada, de pronto, sentí que no había necesidad de respirar. Mi cabeza aún daba vueltas, pero mis pulmones y garganta no estaban tan contraídos como antes. Sentí paz.

Adelante, cariño. Tú puedes hacerlo.. ..Y sentí una extremidad tocando mi hombro, como apoyándome en la decisión que acababa de tomar.

Reconocía esa voz, y si no hubiera estado tan embobada como lo estaba, me hubiese puesto a llorar de emoción y nostalgia. Era la dulce voz de mi padre.

Cath, por el amor de Dios, contéstame..

Respiré hondo y mi vista volvió, pude ver la expresión horrorizada de mi madre, pero yo aún sentía aquella mano en mi hombro, dándome su apoyo.

Mamá..

¡Oh, Cath!, por todos los cielos, sentí que no estabas..que te habías ido a otra parte..

Mamá.. —repetí interrumpiéndola.

Ella guardó silencio, aunque estaba completamente segura de que quería asegurarse de que yo me encontraba en perfectas condiciones.

Estoy enamorándome de Joe..

Confesé.


Los ojos de mi madre se abrieron como platos y me miró. Su expresión era dura, confusa y algo aterrada.

Estoy enamorándome de Joe.. —repetí, más para mí que para ella. Estaba segura de que a ella le había quedado claro como el agua.

Ambas nos quedamos en silencio, ella..probablemente para que le cayera la ficha de que su hija se estaba enamorando de uno de los hijos de su adorable esposo. Y yo..por simple respeto a ella.

Me dediqué a tratar de descifrar su expresión. Se me hizo difícil. Su rostro era inescrutable. Reflejaba tantas cosas..pero principalmente confusión.


Unos minutos después, se levantó de la cama y se fue. Alcé una ceja. ¿Qué se suponía que hacía?..¿No iba a gritarme?.

Me incorporé de un salto y traté de alcanzarla, pude divisar que entraba a su habitación.

Mala idea, mala idea..¡Estúpida!,¿Por qué tuviste que abrir la bocota?

Repetía en mi fuero interno a medida que me acercaba a la puerta. Oí unas voces. Ahora sí estaba en aprietos.

¡Está enamorada de Joe! —escuché susurrar a mi madre.

No..no, no..eso es imposible..debe de ser una broma.. —repetía constantemente, Kevin padre.

Por el amor de Dios, Kevin, ella me lo confesó.

Sarah, querida..es prácticamente absurdo..Joseph jamás haría algo así.. —era evidente que estaba entrando en pánico. No dejaba de repetir que lo que me pasaba con su hijo era sin sentido.

No quise escuchar más, despegué mi oreja de la madera y corrí escaleras abajo luchando para que mis lágrimas no salieran y me delataran.

Evidentemente, ese no era mi día..

¡Cath!, ¿Qué te sucede?, ¿Por qué lloras?

Preguntó Joe, pero yo seguía llorando. Tenía tanto miedo.

Por favor, Cathie. Necesito que te calmes para poder entender el problema.. —tomó de mis hombros mirándome a los ojos.

Traté de calmarme, pero se me hacía imposible. Lo abracé con fuerzas, estaba segura de que nos iban a separar. Yo sabía que lo que hacíamos estaba mal..

Me despegué de su torso y sequé mis lágrimas, luego de inhalar y calmarme.

Lo saben..lo saben..saben lo de nosotros.. —dije atropelladamente.

Mientras yo estaba temblando de los nervios, Joseph no mostró ningún signo de nerviosismo o miedo.

Lo saben..mi madre y tu padre saben que nos queremos.. —repetí lentamente, quizás lo había dicho tan rápido que él no había entendido.

No. Nada, su respiración seguía siendo tranquila.

¿Qué demonios te sucede?, ¿escuchaste lo que te acabo de decir?, ¡LO SABEN, JOE! —grité.

Cálmate..yo estaba pensando en decírselo en unos días..

¡¿QUÉ?!..¿¡PENSABAS DECÍRSELO?! —estaba poniéndome roja de la cólera— ¿Cómo pudo pasar eso por tu cabeza?, ¡sabías que iba a terminar mal!..¡como ahora!

Tarde o temprano iban a enterarse..no podía seguir siendo un secreto, Cath. Mejor subamos y hablemos con nuestros padres.

No me dejó contestar. Tomó fuertemente mi brazo y me arrastró escaleras arriba contra mi voluntad, para hablar con nuestros padres.

Mis pies se arrastraban en cada escalón que subíamos. No quería enfrentarlo, era muy cobarde.

Me percaté de que estábamos frente a la puerta. Se escuchaba que discutían. Tragué saliva. ¿Sería mala idea pedirle a mi padre que me lleve con él?.

Creo que sí.

Joe estaba muy tranquilo, aunque la pelea que se estaba llevando a cabo dentro de la habitación lo colocó medio incómodo. Golpeó la puerta una, dos..tres veces.

Kevin contestó con una voz grave, ronca que con solo escucharla te daban escalofríos.

Ambos entramos y vimos al padre de Joe de pie, en una posición rígida. Mientras que mi madre estaba sentada en la cama, dándonos la espalda y mirando a su marido.

Joe dió el primer paso, tomándome aún más fuerte de la mano y llevándome con él. Las piernas me temblaban y me sudaban las manos, sin mencionar la catarata de lágrimas silenciosas que recorrían mis mejillas enrojecidas.

Joseph abrió la boca para hablar, pero su padre levantó una mano y habló.

Que ni se te ocurra decir una sola palabra, Joseph… —inquirió con la voz ferozmente autoritaria.

Automáticamente, el interpelado cerró su boca y espero. Kevin agitó la cabeza repetidas veces, negando y bufando.

No puedo creerlo..

Mira, papá.. —habló, Joe.

Interrumpió.

Cierra la boca..no tienes derecho a explicar nada.. —sentí que la mano de Joe hacía mas fuerzas contra la mía —. No puedo lograr comprender..tus actos, Joseph..¡Por el amor de Dios, es tu hermana!.

No soy su maldita hermana..

Es totalmente irresponsable lo que hiciste..¿Te parece normal tener un amorío con un integrante de la familia?, ¡¿Qué piensas que van a decir de mí?!. Esto, definitivamente, no está en la Biblia..

No metas a la Biblia en esto.. —contestó irritado, Joe. Pero su padre lo atravesó con la mirada, logrando que su hijo retrocediera un paso.

¿Qué sucederá si queda embarazada?, ¿Tendrá madre/tía por igual el pobre niño?..

¡No hemos hecho tal cosa! —exploté en llanto.

No DEBEN estar juntos, es ilegal y está mal a los ojos de Dios.. —siguió con esa voz que me congelaba la sangre y sin prestarle la más mínima atención a mi comentario.

Llegué al punto de no oír más, era demasiado para mis pobres oídos. Miré a Joe que sostenía la mirada asesina de su padre. Tragaba ruidosamente y sus manos temblaban, pero aún así no agachaba la cabeza y ponía la cola entre las patas.

Yo continuaba llorando, deseando que todo eso fuera un mal sueño y que despertaría con él a mi lado. Era evidente que no. Kevin gritaba como loco, repitiendo constantemente que no debíamos estar juntos.

Eso me dolía mucho, no soportaba la idea de que Joe no estaría a mi lado luego de esto. No habría más “nosotros”, sólo sería la infeliz de Catherine Clawford.

No podían separarme de Joseph. Nadie lo lograría y nadie IBA a hacerlo.


Fin.


Epilogo

-Joseph-



El ver nacer a Kasey fue una de las experiencias mas fuertes de mi vida. Esos ocho meses y medio fueron maravillosos, aunque no aguantaba mas para verle la carita.

Era perfecta, aunque aún el color de los ojos no se le distinguía bien ya que apenas llevaba unas horas de vida. Al pasar los meses descubrí que eran oscuros, como los de Cath. Aunque ella lo negaba y decía que la niña era el vivo calco de mi rostro. Mujeres..


Otra de las experiencias más fuertes que tuve, fue la pelea con mi padre. Sus palabras me chocaban como una puerta cerrándose una y otra vez contra mi cara. Jamás lo había visto tan furioso y decepcionado de mí.


¡Quedaremos muy mal socialmente!—repetía cada tres palabras.

¿Puedes dejar de pensar en tu status social y apoyarnos en esto?


Cath no dejaba de sollozar, aunque era fácil ver que trataba de ser silenciosa. Traté de calmarla rozando mi pulgar contra la epidermis de su mano que aferraba con fuerzas la mía..al igual que yo. Se me hacían trizas los nervios con cada palabra que mi padre pronunciaba, nunca había hablado tanto, y menos gritando. Mis manos sudaban y temblaban.

Además, era tan egoísta..¿No puede pensar en la felicidad de su hijo?. Esta bien, cometí un error. Pero fue el no decírselo antes..no estar con mi “hermana”. No somos parientes en lo absoluto, que él esté casado con su madre no significa que seamos consanguíneos.

Peleé mucho por llegar donde estoy. Para que Cath dejara de ser tan histérica y se diera cuenta de que lo nuestro no iba a poder deshacerse con facilidad.


Estaba pensando en un ingenioso plan para irme de la casa y llevarme a Cath conmigo si las cosas no resultaban bien..pero algo que dijo mi padre me dejó helado.

Sé que será en vano si te obligo a no verla más..

¿Hasta dónde quieres llegar? —Pregunté. Cath me estaba clavando las uñas en mi mano, estaba con los nervios a flor de piel.

Joseph..yo de su madre no me voy a separar..sé lo que es estar enamorado. Lo estuve de tu madre y lo estoy ahora. Comprendo lo que sientes..

Lo dudo... Suspiré.

Si bien..esto no está bien ante Dios..

Y aquí vamos de vuelta... Puse los ojos en blanco.

Acepto que se quieren y respetan mutuamente. Y sé perfectamente, que separándolos, ambos van a ser infelices.


Uff, ¿Recién ahora se da cuenta?, ¿no es obvio?, ¿Acaso no ve lo que tiene frente a sus ojos?


¿Y tu punto es..? —interrumpí algo impaciente. No fue buena idea ya que papá me miró con mala cara.

Mi punto es, Joseph..que por la felicidad de ambos..voy a aceptar su relación. Además, no voy a destruir la familia que tanto nos costó armar.


Esperen, esperen. Tiempo fuera. ¿Qué demonios acaba de decir?, ¿nos dejará estar juntos?.

¿Quién eres y que has hecho con mi padre..?

¿Perdón? —preguntó mi progenitor.

Eh, nada, nada..gracias papá..

Debo aprender a cerrar el pico.

Mi padre es un buen hombre, aunque algo obsesionado con la religión, pero buena persona en fin. Por su cara era fácil suponer que no le gustaba para nada la idea de que estuviese con Cath.

Cuando giré para verla a ella, estaba estática. Siempre tiende a trasformarse en estatua. La llamé, pero no respondió.

Genial, tenía permiso para estar con ella y ahora ella sufría un paro respiratorio.

La sacudí otra vez y reaccionó, tenía sus ojos café grandes como platos por el asombro.

Es broma, ¿verdad? —preguntó moviendo únicamente sus labios.

Nop.. —sonreí y me acerqué para besarla, pero se alejó— Cath, ¿Qué..?

Me señaló con la cabeza hacia la cama. Diablos, había olvidado que Sarah seguía ahí.

Ahora sé de dónde sacó Cath esa forma tan particular de quedarse congelada en el lugar.

Aclaré mi garganta.

Lo siento, Sarah..

No contestó, seguía mirándonos..¡Perfecto!, reaccionaba la hija y ahora se quedaba petrificada la madre. Mi día de suerte..

¿Mami? —la llamó Cath—¿Te encuentras bien?

Eh..sí, cariño.. —parpadeó lentamente.

Sarah..quería pedirle disculpas por.. —se acercó y me acarició la mejilla.

No tienes por qué disculparte, Joe.. —me dedicó una dulce sonrisa.

Fue cuando supe que ella siempre nos había apoyado, desde el momento en el que se enteró.

Su mirada fue de mí hasta su hija, a la cual abrazó con fuerzas y besó su frente.


Al pasar los días, cuando volvimos a casa, todo parecía estar bien, a excepción de mi padre que seguía algo distante respecto al tema, pero ya iba a superarlo..espero. En cambio, mis hermanos, estaban saltando en una pata, ya que no tendrían que esconder más el secreto. Sarah, había aceptado completamente nuestra relación, siempre venía a mi y me pedía por favor que me cuidara cuando tuviera relaciones con su hija. Yo solo reía.

Tranquila, Sarah..no hemos hecho nada..

Aún…

Siempre me miraba con recelo cada vez que contestaba lo mismo. Pero era sincero al respecto…por lo menos, lo fui por un tiempo, hasta que pasó.

Lo había planeado todo, y debo admitir que cuando quiero que algo salga perfecto, me obsesiono. Le había pedido a mis hermanos que convencieran a papá y a Sarah de que salieran por un noche. Por suerte aceptaron y no hicieron preguntas de por qué con Cath nos íbamos a quedar solos. Aunque era medio obvio.

Expresar nuestro amor de esa forma fue un gran alivio, sinceramente, estaba volviéndome loco. Cada beso, cada caricia me hacía desear más.

Luego de dos años, decidimos dejar la casa e ir a vivir juntos. Era para nuestra privacidad y no tener que esperar a que nadie nos viera para besarnos, era algo incómodo, sobre todo con la mirada de papá clavada en mi nuca.

Y después, ya casados, concebimos a Kasey. Era una niñita muy inteligente aunque solo tuviera tres años de edad. Había heredado los perfectos bucles negros de su abuela, la cual nunca conoció, pero..¡cuanto se parecía a mi madre!. Una pequeña muy dulce y educada, eso sí, parloteaba mucho.




¿Qué sucede, amor? —pregunté a mi esposa que miraba por la ventana de nuestra casa.

Kasey está jugando..y habla..

Es una niña, se supone que habla sola..

No entiendes..ven.. —tomó mi mano y ambos fuimos al patio, lleno de lilas, por supuesto.

Vimos como Kasey saltaba por todos lados riéndose y hablando. Quedé congelado al comprender por qué Cath estaba media preocupada.

Kass, hija..¿Con quiénes juegas? —preguntó mi mujer a la niña.

Con los abelitos, Mami..

¿No querrá decir “amiguitos”? —le susurré al oído a Cathie. Ella me chitó tapándome la boca con uno de sus dedos.

Cuéntale a papi cómo se llaman..

La pequeña tardó en contestar, estaba muy entretenida oliendo las lilas, curiosamente, sus flores preferidas. Sonrió y vino hacia mí, la alcé en brazos y esperé a que me contestara.

El abelito se llama Andrew—señaló al aire, a un rincón, instintivamente miré. Obviamente no había nada—. Y la abelita se llama Denise.

Y otra vez señaló, pero solo a unos centímetros de donde había señalado antes.

Bajé a Kasey al suelo, ella salió brincando para ir y seguir hablando con..con los abuelitos..

Joe, cariño.. —me sacudió el hombro, Cath.

Giré mi rostro para mirarla, aún estupefacto.

Increíble, ¿cierto?. Nuestra hija puede ver a nuestros padres.. —miró a Kasey con admiración.

¿Es eso posible?.. —hablé murmurando.

Si..puede que nuestra hija tenga dos ángeles de la guarda.. —sonrió y me besó.

¿Era yo el único que eso le parecía anormal?..Mi esposa se lo tomaba como si eso fuere cosa de siempre. Claro, ella siempre dijo que escuchaba a su padre, pero lo creía solo porque tenía nostalgia..

Me senté en el suelo mientras Cath volvía a la cocina. Miré detenidamente cada palabra que salía de la pequeña boca de mi hija. Aún lo creía imposible.

Papi..dice la abela Denise que cambies la cara..

Ambos reímos. Definitivamente mi madre estaba con ella.


~•~


Agradecimientos:

Bueno, acá estamos otra vez..Creo que con decir “gracias” no es suficiente, ya que nos vienen siguiendo hace bastante tiempo.

A nuestras viejas lectoras..¡Gracias!, es genial saber que después de “Sweet Crush” nos siguen leyendo. Y a las nuevas..¡Hola!, ja ja ja.

La historia..bueno, gracias a Maca por darnos la idea. Y sí, lamentablemente Denise pasó por difunta, pero es genial saber que sólo es ficción literaria, ja. ¡Te amamos Denise!.

En fin, simplemente gracias por seguir leyéndonos, y..¡Nos vemos en la próxima!.

Noe&Soph.


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